30DIC


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Todos sabemos que existe una relación estrecha entre lo que comemos a diario y nuestro peso corporal. Comer de más nos lleva inevitablemente a acumular grasa en aquellos sitios en los que menos quisiéramos. Si nuestra dieta diaria, además de las tres comidas rigurosas (desayuno, comida y cena), se compone de postres, golosinas y todos aquellos antojos que más nos gustan, tarde o temprano, nuestra cintura mostrará las consecuencias de los excesos. Y es que a toda acción, hay una reacción. Si consumimos más calorías que las que gastamos, poco a poco se acumularán como reservas en nuestro cuerpo, y no precisamente nutrimentales, sino como depósitos de grasa. Pero esto no siempre es así. Algunas personas que se cuidan rigurosamente y sólo comen comidas saludables y en las cantidades recomendadas, también sufren de obesidad sin saber el por qué. Pero en estos casos no es su manera de comer lo que las hace engordar. Hay factores “de peso” que se convierten en sus enemigos a la hora de cuidar su figura. Si tú tienes este problema, a continuación te ayudaremos a descubrir qué es lo que te impide lograr tu figura ideal.
Sedentarismo
No importa tu edad, si eres hombre o mujer, si ni por equivocación te mueves, inevitablemente engordarás. Hoy más que nunca, uno de los factores que más afectan nuestra salud en todos los sentidos, es la falta de actividad física. La escasez de tiempo y las grandes distancias nos obligan a usar más y más el carro, sin embargo muchas veces la flojera también nos invade y ni a la esquina queremos caminar. Y si hablamos de subir escaleras, mucho peor, preferimos utilizar el ascensor para evitar la fatiga. Aunado a todo esto, están las actividades que realizamos en reposo absoluto, como ver la televisión, o permanecer horas y horas frente a nuestra computadora por cuestiones de trabajo o simplemente para chatear con nuestros amigos. Y es que la falta de ejercicio, nos hace gastar menos calorías de las que consumimos, dificulta nuestra circulación sanguínea y la oxigenación de nuestro organismo. ¿El resultado?: kilos y kilos de más. Por otra parte, la reducción de masa muscular por falta de ejercicio, provoca que el músculo sea sustituido por grasa.
Bajo condiciones normales y con una actividad física diaria, una persona de 60 kilos gasta aproximadamente 1,800 kcal., pero si no hace nada, sólo consumirá de 1,150 a 1,000 kcal.
Las emociones
Sentir no es malo, las emociones son parte de la naturaleza del ser humano. A través de ellas podemos demostrar lo que sentimos a los demás y en cualquier circunstancia. Muchas veces, algunos sentimientos como el temor, nos protegen al hacernos actuar con precaución ante alguna situación de peligro. Sin embargo, dejarnos llevar por lo que sentimos en todo tiempo y sin control alguno, más que beneficiarnos nos perjudica. Nos convertimos en esclavos de nuestras emociones. Dejan de ser un sentimiento para convertirse en trastornos psicológicos como la ansiedad y la depresión. Lo peor, es que en estos casos, los resultados pueden dar origen a un problema físico como la obesidad. Ya que por lo general el intenso malestar mental que nos provocan, hace que la producción de algunas hormonas, como la serotonina (neurotransmisor), se altere, y nuestro metabolismo cambie totalmente. Puede ser que no tengamos deseos de comer, o bien, comamos a toda hora o nos demos atracones continuos con la idea de llenar ese vacío emocional que nos duele tanto.
La herencia
La genética es un factor muy importante en cuanto al tema de la obesidad. En teoría, se cree que influye en un gran porcentaje, sin embargo no se tiene la certeza de que así sea, ya que en muchos casos también pueden influir los hábitos alimenticios, que por lo general inculca la mamá. Por lo que si ella tiene kilos de más, seguramente también sus hijos, ya que los alimentará de la misma manera en que ella lo hace. La identificación directa de los genes de la obesidad en los humanos es complicada, porque no se trata de sólo uno, sino de la interacción de más de 20 genes. Recientemente se lograron identificar algunos de los genes involucrados. En un principio se reconocieron los genes: Agouti, Obeso, Diabetes, Fat y Tubby en ratones y posteriormente se encontraron en humanos. Éstos tienen influencia importante para el desarrollo de obesidad y otros trastornos metabólicos como la diabetes mellitus. Gracias a estos esfuerzos, se identificó la proteína OB o Leptina en 1995, reconocida ahora como la principal sustancia responsable del mantenimiento de un peso determinado, ya que actúa a nivel cerebral controlando el deseo de seguir ingiriendo alimentos.
Dejar de comer
Si, así como lo lees. Aunque te parezca ilógico, hacer ayunos prolongados no te hará adelgazar, por el contrario, te aumentará kilos significativamente. Y es que el cuerpo humano tiene una capacidad extraordinaria para adaptarse a infinidad de cambios. El hombre ha logrado subsistir a lo largo de la historia en regiones como el desierto, la selva o los glaciares, con cambios bruscos de clima y una variada alimentación. Esto gracias a que desarrolló “adaptaciones metabólicas de supervivencia”. Por ejemplo, cuando la comida se reduce, lo que hace nuestro organismo es almacenar grasa, pues es uno de los mecanismos de defensa con el que la naturaleza nos dotó para sobrevivir. Así que no te olvides de esta adaptación orgánica, porque cuando tu cuerpo no recibe la alimentación a la que estaba acostumbrado, desconoce lo que sucede, no sabe si se trata de una escasez de comida a nivel mundial debido a una guerra o de un mero deseo tuyo por adelgazar; lo único que le interesa es protegerse a sí mismo. Así que lo que hará será reservar celosamente todos los nutrimentos que le lleguen, se convertirá en un ahorrador de comida.
Metabolismo
Otra adaptación orgánica que frena la pérdida de peso y capacita al organismo para recuperar lo que pierde en forma de grasa, aún cuando se coma menos, es el descenso del metabolismo basal, que es la cantidad de energía que requiere el cuerpo en reposo para llevar a cabo las funciones básicas de la vida como respirar, hacer circular la sangre, mantener la temperatura corporal, etc. El metabolismo basal varía con la edad, talla, género, actividad física y corporal. Por ejemplo una persona musculosa tiene generalmente un metabolismo basal más alto que una del mismo peso pero que no tiene músculos. Un metabolismo rápido quema más calorías que uno lento. Otro factor que puede provocar una descompensación metabólica son las dietas, someterse continuamente a ellas, sin una adecuada supervisión médica lo altera a tal grado, que el mecanismo de la saciedad que se lleva a cabo a nivel del sistema nervioso central también se descontrola y es entonces cuando la persona come hasta que siente que va a reventar.
Hormonas
Un desequilibrio en la producción de hormonas puede generar un caos en tu organismo y hacer que aumentes de peso. Por ejemplo, cuando estás estresada la cantidad de cortisol se eleva y tu cuerpo acumula grasa en vez de utilizarla como energía. Los bajos niveles de serotonina, un neurotransmisor que provoca tranquilidad, se relacionan con el deseo de comer carbohidratos refinados, como azúcar y pan blanco; tal como sucede también con el desequilibrio en la producción de insulina. Por otra parte, en nosotras las mujeres, los niveles fluctuantes de estrógeno y progesterona antes, durante y después de la menstruación; y en etapas como el climaterio y la menopausia, por lo general nos hacen retener líquidos e inflamarnos.
PARA TOMAR EN CUENTA
Si de repente notas que tu peso fluctúa o se ha incrementado notoriamente sin que la comida haya sido la causa, te animamos a seguir las siguientes recomendaciones:
• Analiza cuáles fueron las causas: depresión, falta de ejercicio, problemas hormonales, etc. Sométete a estudios clínicos para determinar si es alguna cuestión de salud. Siempre hay una razón para los cambios de peso, éstos no aparecen de la noche a la mañana.
• Cuando ya sepas qué lo provocó, ataca. Busca ayuda profesional, asiste con un médico para que te oriente en el tratamiento que debes seguir si se trata de alguna enfermedad o desequilibrio hormonal, ve con el psicólogo si la ansiedad, la depresión o el estrés te abruman, etc.
• Escucha a tu cuerpo. Él te avisa cuando algo no va bien, y el peso es un reflejo de un desequilibrio en tu organismo.
• Si tu predisposición al sobrepeso es genética, mantente alerta. Por ejemplo, hazte estudios médicos para evitar desarrollar alguna enfermedad hereditaria, como la diabetes. Y si ya presentas síntomas, sigue un tratamiento médico. Saber que existe la posibilidad de que padezcas algún problema físico o de salud por cuestiones hereditarias, te puede ayudar a ser más disciplinada desde temprana edad.
• Si tu metabolismo es lento, no te resignes, aceléralo a través del deporte o de alguna actividad física o repartiendo tus alimentos en 5 porciones pequeñas al día, en lugar de 3 comidas abundantes.