Familia
21AGO
Regreso a clases, emocionante pero estresantepor: Irma Teresa Murillo Salas 21/08/2009
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Preparar a nuestros hijos para asistir nuevamente, o por vez primera , a la escuela es importante, no sólo porque ya se han acostumbrado a dormir y despertar tarde sino porque los primeros días son decisivos para su desempeño escolar durante todo el año.

El regreso a clases implica mucha incertidumbre y estrés sobre todo:

  • Si es la primera vez que van a la escuela el temor es total, sobre todo por la separación de los padres, lo que para los menores implica un “supuesto abandono” El desconocimiento de lo que es un sistema educativo, conocer a un maestro y enfrentarse con muchos otros niños y niñas desconocidos, son otros factores que los inquietan.
  • Si es después de un periodo vacacional intermedio, la incertidumbre y a veces el temor o la alegría de pensar que todo seguirá como antes.
  • El reencuentro con los amigos, pero también con los compañeros que no caen bien o con los que se tuvo algún pleito.
  • La emoción de estrenar mochilas, uniformes, libros y todo tipo de útiles escolares que se presumirán a los demás.
  • El temor a la disciplina que de alguna forma se rompe durante las vacaciones y que acarrea presiones a todos los familiares.
  • La frecuente aversión a las tareas escolares.
  • La presión en la escuela, la casa, las clases especiales y el control del tiempo minuto a minuto.

 

Es importante comprender que las vacaciones han permitido el cambio de ciertos hábitos, tanto alimenticios como del sueño, así como en la disciplina y los horarios, por lo que es necesario que se vayan ajustando poco a poco, antes del tan ansiado y temido día. Por ello, para que todo marche bien, sugerimos lo siguiente:

  • Platicar con los niños sobre la importancia del regreso a la escuela y determinar junto con ellos lo que se espera y cómo piensan lograrlo.
  • Plantear el regreso a clases como algo positivo y muy importante.
  • Escuchar sus temores, dudas, intereses y expectativas con mucha atención y orientarlas en todo momento.
  • Establecer y respetar los horarios para levantarse, dormirse, alimentarse, tomar clases especiales, hacer tareas y jugar.
  • Supervisar bien su desayuno que es el principal alimento que les permitirá concentrarse y aprender bien durante toda la mañana. Incluir un complemento alimenticio para el recreo, para que no les falten todas las vitaminas y minerales esenciales para su adecuado crecimiento y desarrollo.
  • Estar pendientes de todos los cambios posibles de conducta o actitud que puedan ser manifestaciones de algún problema no resuelto en la escuela o en su vida personal.

Con información de esmás.com.

 

Fuente: Dra. Diane Pérez, “Cuidando nuestra salud”.

 

 

 

22JUL
Haz caso a tu intuiciónpor: Irma Teresa Murillo Salas 22/07/2009
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¿Alguna vez has tenido “la sensación” de que tu pequeño te necesita? ¿Alguna vez has tomado una decisión salida de tus entrañas sobre tu hijo o hija? Seguro lo has hecho, eso es intuición, y la de una madre puede ser muy poderosa.

Aunque nos hemos convertido en una sociedad con mucha información, también nos hemos vuelto menos instintivos y menos confiados en nuestra intuición. “Estamos tan inundados de libros, revistas y programas de TV de expertos que ya no creemos en nosotros mismos,” dice la Dra. Michele Borba autora de 12 Simple Secrets Real Moms Know (12 sencillos secretos que toda madre conoce). Además, puede ser difícil escuchar a tu intuición cuando el “ruido” de la vida moderna (celulares, correos electrónicos, horarios complicados) se atraviesan en el camino.
Muchas mujeres describen la intuición materna literalmente como un sentimiento en sus entrañas, que llega como una pequeña explicación, y muchas veces este es descartado por muchos. ¿Quién no ha tenido un medico que te dé por tu lado en tus instintos acerca del sarpullido de tu hija, o una vecina que descarte tu teoría sobre lo que motiva los problemas de tu hijo en el colegio?  Bueno, aquí algo de inspiración para ayudarte a mantener la confianza en tu intuición: tres mujeres que siguieron su intuición y así pudieron proteger a sus hijos.

“Todos pensaban que mi hija era bipolar, excepto yo”

Cuando mi hija Lilly* cumplió 2, noté que estaba muy sensible. Se ponía histérica al menor motivo y yo no podía calmarla. Algunas personas decían que ella sólo me estaba manipulando, suponiendo que algo estaba mal con mi manera de educarla. Pero yo sabía que ese no era el problema.
Conforme Lilly crecía, no mejoraba su comportamiento. Muchas veces a la semana ella se molestaba por algo y había llanto, rabietas y cosas volando por la casa. Necesité de toda mi inteligencia y energía para calmarla. Finalmente cuando Lilly tenía 8 años, fuimos con una conocida psiquiatra infantil, quien diagnosticó un desorden bipolar. Lo que la psiquiatra decía tenia lógica, Lilly estaba pasando por cambios tremendos de humor, algunas veces estaba realmente feliz y otras completamente fuera de control. Pero aun así yo no creí que ese fuera el problema. ‘¿Está segura?’ le pregunté a la especialista. Ella respondió que estaba segura que Lilly tenía un desorden bipolar.
Los meses siguientes me sentí a disgusto con el diagnóstico. La doctora seguía cambiándole los medicamentos pero, nada parecía mejorar. Después de un año sin que nada de esto la ayudara, la psiquiatra me dijo que algunas personas no respondían al tratamiento y que mi hija probablemente era una de ellas. Pero mientras tanto, noté que lo que parecía sacar de quicio a Lilly era el ruido. Los sonidos fuertes la hacían llorar durante horas; los ruidos repentinos la exaltaban especialmente, aunque ni su hermano y hermana los notaran. Fue entonces cuando supe que su comportamiento tenía que ver con el ruido.
Me senté en la oficina de la doctora con un nudo en el estomago, lista para explicar mi teoría del ruido. Sabía que no me iba a creer, pero también estaba segura de que podríamos ver esta posibilidad. Cuando le dije a la especialista que pensaba que Lilly tenía un tipo de desorden sensorial, ella me dijo que yo estaba equivocada. Incluso mi esposo respaldó a la doctora y dijo, ‘Tenemos el diagnóstico de la mejor especialista.’ Pero yo sabía que ella estaba equivocada. Aun así, yo seguía sentada allí asintiendo a todo lo que decía esta doctora. Es difícil escuchar tus propios instintos cuando todos te dicen que estás mal.
En ese entonces, yo hacía un doctorado en psicología. En uno de mis cursos, el profesor hablo del Procesamiento de Desorden Sensorial (Sensory Processing Disorder) una condición que ocurre cuando las señales de los sentidos no están organizadas correctamente, haciendo de las tareas diarias todo un reto. Al momento de describirlo, pensé, esto es lo que tiene Lilly. Fue el foco que iluminó mi intuición. Al final encontré una terapista ocupacional que diagnosticó a Lilly adecuadamente con SPD (por sus siglas en ingles: Sensory Processing Disorder). A través de diferentes terapias, el comportamiento de Lilly comenzó a mejorar. Mi hija ahora tiene 14 años y es exitosa tanto académica como socialmente. Y yo aprendí a escuchar mi intuición y a no rendirme, aun cuando los demás, incluyendo los expertos, me digan que estoy mal.”

“Tenía un mal presentimiento sobre la guardería de mi hijo.”

Cuando mi hijo, Levi, tenía cerca de 18 meses, decidí regresar a trabajar y comencé a buscar una guardería. Llamé a una agencia gubernamental que tiene registradas las estancias infantiles y había una justo en mi vecindario. Estaba encantada porque podíamos ir caminando. Así que fui a conocerla. Los niños se veían bien y contentos, pero algo no estaba bien y yo no podía saber qué. Tenía el presentimiento de que no era una buena decisión dejar ahí a mi hijo. Llevé nuevamente a mi madre para que viera el lugar y dijo, ‘Ah, está bien.’ Pero aun así, algo acerca del lugar no me caía bien. No sabía si era que yo comportaba como una temerosa madre primeriza o qué. Resultaba extraño que descartara el lugar sólo por un vago presentimiento que, en realidad, no podía explicar.
Después le comenté a mi amiga Chris sobre mis percepciones, ella se ofreció a ver el lugar. Cuando Chris llegó a la guardería de sorpresa, encontró a la niñera paseando a su perro, !dejando a seis pequeños solos en su casa! Al final, encontré otro lugar para Levi y desde el instante en el que entré, no tuve ninguna duda en dejarlo ahí.

“Salvé la vida de mi hijo al no aceptar un no por respuesta.”

Cuando mi hijo Pete tenía casi 2 años, repentinamente comenzó a cojear. El doctor pensó que una infección en el oído podía ser la causa de esta falta de equilibrio y sugirió esperar unos días. Dos días después estaba vomitando. El médico pensó que se trataba de un simple virus. Pero yo no estaba de acuerdo y se lo comenté a mi esposo. ‘Lo que causa este mal en Pete está en su cerebro.’
Tan pronto dije esas palabras, recordé que frecuentemente yo tenia pesadillas donde Pete se perdía o moría. Hoy, creo que estos sueños fueron el aviso de mi intuición. Pronto, una pequeña voz apareció en mi cabeza, diciendo, ‘Eso no sólo es una infección en el oído y un resfrío’ Y esa voz no iba a ser silenciada. Así que llevé a Pete al hospital donde le practicaron una tomografía. Mi esposo Jeff y yo presenciamos la prueba y de inmediato le dije que a los técnicos no les gustaba lo que veían. Encontraron que Pete tenía una gran masa en su cerebro. En cuestión de horas estábamos en un helicóptero camino a un hospital en Portland, OR, a 300 millas. A Pete le diagnosticaron pineoblastoma, un tumor cerebral muy raro. Los doctores dijeron que Pete debía recibir altas dosis de quimioterapia ya que su cerebro en desarrollo era muy joven para radiaciones. También nos dijeron que era muy peligroso remover el tumor, pero yo tenía el presentimiento de que si Pete iba a tener una oportunidad de luchar contra esto, tenían que remover el tumor. Instintivamente supe que tenía que sacarlo del hospital y buscar algo mejor para él. Tenía que haber un médico que removiera esa bestia del cerebro de Pete.
Sabía que tenía un reto en mis manos: encontrar otro doctor. Esa semana llamé, envié correos electrónicos y mandé los registros a cirujanos de todo el país. Nos enlazamos con especialistas del Hospital de Investigación Infantil St. Jude en Memphis y el domingo siguiente estábamos en un avión rumbo al único lugar que había reconocido la urgencia de nuestra situación. Cuando llegamos a St. Jude, el tumor había duplicado su tamaño, pero los cirujanos pudieron removerlo.
Hoy, Pete está bien y mis pesadillas han desaparecido. Si no hubiera escuchado esa voz que me dijo que buscara al médico que removiera el tumor, Pete no estaría vivo.

3 pasos para confiar en tus instintos
Ponte en forma
El cuerpo nos da mucha información, dice la Dra. Marcia Emery, autora de Dr. Marcia Emery’s Intuition Workbook (Cuaderno de Trabajo para la Intuición de la Dra. Emery). Toma nota si al tomar una decisión tu corazón se acelera, sientes un nudo en el estomago o te falta la respiración. Estas sensaciones pueden estarte avisando que tu decisión no es correcta, comenta Emery.

Desconéctate
Por lo menos una vez al día, apártate de la tecnología que rige tu vida. Solo siéntate y escucha a tu mente, sugiere Emery. Puedes estar más atenta a los pensamientos intuitivos si te das tiempo para la reflexión. “Debes deshacerte de las distracciones diarias, ya que la mente intuitiva se desvía cuando utilizas tu mente analítica, explica.”

No sigas al miedo
La intuición no está basada en el miedo, dice Emery; más bien es una sensación de confianza. Si tiendes a ponerte ansiosa, entonces tu “sentimiento” puede no ser intuición. “Pregúntate a ti misma, ¿Cuántas veces he tenido esta sensación y no ha sido nada?” comenta ella. “La intuición viene de las entrañas, no de la mente.”

16JUN
¿Por qué papá no trabaja?por: Irma Teresa Murillo Salas 16/06/2009
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Durante siglos, la figura del padre ideal ha sido la de proveedor, la del hombre que sale temprano de casa y regresa tarde y cansado para recibir las atenciones de toda la familia, en especial de su esposa, quien debía tenerle la cena lista. Si alguno de estos hombres quedaba viudo, debía buscar de inmediato alguna “madre sustituta” para sus hijos, pues él no sabía ni freír un huevo ni cambiar un pañal.

La mujer, por su parte estaba educada para criar a los hijos en casa y recibir de su marido lo necesario para vivir; si alguna quedaba viuda o abandonada se consideraba un acto “heroico” el hecho de que saliera a trabajar, con el alto precio de descuidar a sus hijos.
En tiempos de los abuelos, se consideraba un desprestigio para el marido que su mujer trabajara porque significaba que él no lo estaba haciendo bien y a los papás les parecía todo un desperdicio que sus hijas estudiaran una carrera para ¡“colgar su título en la cocina”!
Lo anterior no quiere decir que no existieran muchos casos “heroicos” tanto de mujeres como de hombres; sin embargo, se disimulaban porque la sociedad calificaba de “mantenido”  o de “mala madre” a los que se salieran del molde oficial.

El siglo XX viene a cambiar todo el esquema, primero, porque las guerras obligan a las mujeres a tomar los puestos que los hombres han dejado vacantes al irse al frente y después porque la economía mundial necesitó que las mujeres generan ingresos.
El cambio se dio tan bruscamente que no dio tiempo a asimilarlo ni a adaptar los horarios y los estilos de trabajo al mundo de las mujeres y ellas tuvieron que acoplarse haciendo; hasta el día de hoy,  mil y un piruetas para cubrir sus “dobles turnos” de madres y proveedoras. Aceptando sueldos menores y discriminación porque los hombres se sentían invadidos en su espacio de poder.
Las crisis subsiguientes han reducido las fuentes de trabajo y las mujeres han mantenido sus puestos por demostrar responsabilidad y dedicación, esas mismas características que han ejercido por tanto tiempo para ser madres y esposas.

Hoy en día es muy común saber de parejas en las cuales ella tiene un buen empleo y él se encarga de las labores de la casa y de los niños; sin embargo, esta transición no ha sido fácil para ninguno de los sexos, porque los moldes oficiales de los que hablamos se quedan pegados en nuestra mente aunque intentemos por todos los medios quitárnoslos. Estos mismos moldes los hemos transmitido a los hijos, prolongando un sufrimiento innecesario.

¿Cómo ven los niños del siglo XXI los cambios de roles familiares?
Ellos los pueden ver muy normales o percibirlos como una tragedia dependiendo como se los “vendan” sus padres.
Una mujer en proceso de divorcio fue a pedirme apoyo psicológico para sus hijos de 16 y 14 años . Cuando le pregunté el motivo de la ruptura de un matrimonio que había durado 20 años me dijo que su marido  llevaba cinco años desempleado y ella mantenía a la familia y ya no podía soportarlo más.
Recuerdo que mi reacción fue un poco brusca, porque le pregunté, cómo le habría hecho su marido para haber aguantado manteniéndola los 15 años anteriores. “Esa era su obligación” me respondió muy enojada y entendí que no importaba tanto el dinero sino el sentirse defrauda  y hacérselo sentir así a sus hijos. Cuando hable con el marido percibí su baja autoestima y mucha tristeza dentro de un hombre que, aunque pedía comprensión de su familia;  internamente les daba la razón por despreciarlo.

Otro caso similar ocurrió cuando llegó un papá a remitirme a sus hijos a terapia porque “la mamá trabajaba mucho”. Al preguntar quien se hacía cargo de los niños el hombre respondió con tristeza “Yo me hago cargo; pero no es lo mismo”.
Fue asombroso ver como los niños se sentían “abandonados” aunque tenían todo tipo de cuidados y cariño; y es que la actitud de sus padres les mandaba un mensaje de que las cosas no estaban como debían estar en casa.

Por otro lado me ha tocado escuchar conversaciones de niños pequeños sobre los respectivos trabajos de sus madres o sobre lo bien que papá les prepara el desayuno sin ningún tipo de carga emocional. Estos niños ven muy normal que una mami se vaya a la oficina o que un papi haga la comida.

Los niños ven a través de nuestros ojos:
Tal vez los adultos no expresamos con palabras lo que nos molesta ver al  esposo desempleado o a la esposa fuera de casa todo el día por trabajar de sol a sol; pero nuestro lenguaje no verbal, nuestras actitudes y reacciones les dejan claro a los pequeños que ese papá o esa mamá no están cumpliendo con lo que se espera de ellos.  La culpa hace su aparición y entonces esos padres empiezan a “compensar” con consentimientos o regalos las carencias que ellos creen que sus hijos viven. Los niños captan perfectamente esta situación y toman provecho de ella.
Si a esto le agregamos que los compañeros de la escuela se burlen del niño porque su papá es el “amo de casa” o porque su mamá no puede asistir a los festivales, el asunto se complica aún más y la familia corre peligro de entrar en un serio conflicto.

¿Cómo les vendes a tus hijos lo que haces?
“Perdónenme por no tener trabajo”. “Perdónenme porque tengo que salir a trabajar”
Si esa es tu venta los hijos comprarán una gran auto compasión hacia si mismos y una imagen deteriorada de sus padres.
Si vives el desempleo del padre como una tragedia, como una grave falla o como un secreto así lo vivirán tus hijos.
Si  por otro lado esperas cumplir los roles de madre como lo hacía tu abuela y al mismo tiempo trabajas para mantener la casa, seguramente fallarás y tus hijos no apreciarán tu esfuerzo, sino que verán tu frustración.

Tenemos que renovar los moldes sociales:
Lo primero que tenemos que renovar es el contrato matrimonial para crear una verdadera sociedad conyugal en la que ambos apoyen su proyecto de vida desde cualquier posición, la posición que resulte más fácil o la que las oportunidades les ofrezcan. Una vez que vayamos modificando este primer contrato podremos modificar la visión que les daremos a los hijos de lo que significa ser papá y mamá.
Debo reconocer, que a las mujeres nos cuesta mucho trabajo ceder nuestro puesto al papá en la cercanía con los hijos, en ese día a día que nos permite conocerlos mejor que nadie y ser su centro. También nos cuesta trabajo gastar el dinero que ganamos en detergente o papel higiénico porque pensamos que eso no nos corresponde y que lo que ganamos debe ser para “nuestros chicles”.
Los hombres también tienen que superar ese machismo que los engaña y les dice que solo dando dinero demuestra afecto, o tiene poder sobre su mujer y sus hijos.

Hoy las cosas han cambiado y de nada sirve enojarse con la crisis mundial o con la economía de todo un planeta.
Es tiempo de asumir que si queremos formar un hogar y mantenerlo unido debemos aceptar “entrarle a todo” de la mano de nuestra pareja, como socios y no como enemigos en el que uno explota al otro.
Hoy los moldes vienen en pares, con la misma capacidad y la misma importancia;
Es muy satisfactorio ver a las parejas jóvenes cooperando, tanto en la limpieza de la casa como en el pago de la luz y el gas. Estas parejas deben mantenerse igual cuando vengan los hijos, aceptando la división del trabajo como algo benéfico para todos y no como si hubiera funciones de primera y de segunda clase en la familia.

Hay que empezar por educar a los hijos:

  • Pídele a tu hijo que recoja la mesa o que lave la ropa al igual que su hermana. Pídele a tu hija que aprenda a defenderse y que resuelva un problema práctico.
  • Enseña a tus hijos que un padre es un hombre que cuida y protege a su familia de muchas maneras, no solo aportando dinero sino dando lo mejor de si mismo y adaptándose a las circunstancias siempre buscando el beneficio de su familia.
  • Enséñales que una mamá también puede cuidar y proteger a través del trabajo que realiza fuera de casa.
  • Explícales que ambos, papá y mamá son socios en la empresa más importante
  • de sus vidas que es el ser sus padres y que por ello se unen para lograrlo con todos sus recursos y fortalezas y también con todas sus diferencias y debilidades que los complementan.
  • Por muy ejecutiva que sea mamá o por muy “amo de casa” que sea un papá siempre le imprimirán a su tarea su estilo personal y su género .
  • Lo que haces no te convierte en lo que eres; pero lo que eres si trasforma lo que haces.

Cuenta la historia que había tres hombres picando piedra en una cantera para la construcción de una catedral. Le preguntaron al primero que qué hacía y el respondió: “¿No lo ves? pico piedra”. Luego le preguntaron al segundo lo mismo y este contesto: “¿No lo ves? Yo me estoy ganando el pan para mis hijos”. Por ultimo le preguntaron al tercero  qué era lo que hacía y él respondió: “¿No lo ves? Yo hago una catedral”

Yo te pregunto ahora qué es lo que tu haces dentro de tu familia y como percibes lo que hace tu pareja ¿Pican piedra o construyen catedrales? Dependiendo de la respuesta los hijos verán en sus padres a unos simples picapedreros o a todos unos arquitectos.

                        Psic. Julia Borbolla 

 

30MAR
¿Qué es el bullying?por: Irma Teresa Murillo Salas 30/03/2009
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Hoy en día se habla mucho del “bullying” en las escuelas y entre los padres de familia. Cada mamá que escucha el término toma diferentes posturas: unas creen que se trata de un tipo de trauma nuevo y gravísimo que se puede contagiar fácilmente a sus hijos. Otras se sienten indignadas porque a sus traviesos niños los culpan injustamente de encabezar todo un movimiento social destructivo para atacar a sus compañeros de clase, y los etiquetan como niños “bully”. Un tercer grupo considera que no existe tal cosa, y que sólo se trata de exageraciones para estigmatizar a los jóvenes y mandarlos al psicólogo.
La realidad es que este nuevo término habla de lo que siempre se ha conocido como acoso escolar, pero que actualmente ha tomado mayores dimensiones.
A mediados del siglo XX, en Estados Unidos, se empezó a nombrar “bullying” (del término bull, que significa ‘toro’) al niño que molestaba, que “embestía” a los demás como lo hace un toro sin pensar, agrediendo y acosando. Cuando varios niños “bullys” se unieron en pandilla, el término se convirtió en un verbo: “bullying” para significar lo que ocurre al momento en que los grandes abusan de los pequeños y los más fuertes intimidan a los débiles. Cuando hay discriminación, burla y abuso físico o psicológico en general.

¿Cuáles son las causas del “bullying”?
Además de las razones naturales de convivencia, que siempre han existido entre los niños, hay otras más:

  • Cada vez, los modelos que se manejan en los programas televisivos o algunas historietas, resultan más agresivos, a riesgo de que los niños los imiten.
  • Algunos padres, como una forma de compensar el autoritarismo del que ellos fueron víctimas, o ante la autorrecriminación por no estar presentes, caen en el extremo sobreprotegiendo a sus hijos, haciéndolos mucho más frágiles para enfrentar conflictos.
  • La falta de tiempo y espacio para convivir en familia genera soledad y frustración, y ambas se 
llegan a expresar con conductas agresivas o bien con fuertes miedos e inseguridades.
  • Hay culpa y dudas al educar, y eso propicia que no se establezcan los suficientes límites.
  • La época actual fomenta la competencia y desplaza la enseñanza del altruismo y la tolerancia.
  • Muchos niños presencian violencia intrafamiliar y reciben menos atención y reconocimiento.
  • Podríamos seguir enumerando muchas otras causas, sin embargo lo más importante es recordar que, en una situación de “bullying”, sufren tanto la “víctima” como el “victimario”, y ambos necesitan ayuda.

¿Cómo saber si mi hijo es víctima de “bullying”?
Generalmente, estos niños no quieren ir a la escuela, pero ponen como pretexto sentirse enfermos. Al acudir a ella, a la hora del descanso, prefieren ir a la enfermería o a la biblioteca.
Otro signo muy común es que los niños tengan pesadillas o lloren sin aparente motivo, y que soliciten más dinero del que se les da de manera regular. Hay irritabilidad, miedo, angustia; pero jamás aceptan que están siendo molestados o extorsionados.
Los niños “bullys”, por su lado, encuentran mucho reconocimiento de los compañeros al burlarse de otros, y creen adquirir poder con sus conductas; pero a la vez se vuelven “esclavos” de esa etiqueta y necesitan seguir molestando para no perder ese estatus social. Internamente se desprecian por lo que hacen, por eso se justifican y se ríen para ocultar lo que en verdad sienten al realizar este tipo de actos.
Recuerdo a una niña que llegó a mi consultorio. Alexa tenía la inscripción retenida porque molestaba continuamente a dos compañeras y lograba que otras niñas la apoyaran en esta empresa.
Ella me aseguraba que en su salón de clase había dos grupos de niñas a quienes nadie soportaba, y por eso ella tenía que “defenderse”; unas eran “las víboras”, que siempre criticaban, y otras eran las “güeras”, las cuales se creían lo máximo.
“¿Y tú qué eres?”, le pregunté. “Yo soy de las  ‘nivigües’, porque no somos ni víboras ni güeras”. Desafortunadamente, la mamá de Alexa apoyaba a su hija y le fomentaba que se “defendiera” cuando en realidad era ella la que atacaba.
La poca o negativa intervención por parte de los padres en este tipo de conflictos ha favorecido que el problema tome dimensiones preocupantes, tanto en Estados Unidos como en toda Latinoamérica, y que muchas escuelas hayan implementado campañas para combatir el “bullying”, no sólo entre los alumnos, sino también entre padres y maestros.
 

¿Qué hacer para evitarlo?
Lo primero y más importante es crear conciencia del problema y tratar de que no siga ocurriendo. Por eso se debe mencionar el término, para que todos en la comunidad escolar identifiquen, desde sus inicios, cualquier caso de “bullying”.
Una de la campañas que hemos realizado en varias escuelas, y que más éxito ha tenido, se llama: “Y si fueras tú”, la cual ha logradoque se pongan “en los zapatos” de los demás en diferentes circunstancias.
Lo segundo es enseñar a los niños a resolver sus conflictos y buscar diferentes alternativas. Ni amedrentarse ante la agresión ni usar los golpes o la burla para sentirse superiores. Hay muchas opciones para resolver problemas y deben conocerlas.
El tercero es fomentar el respeto, la solidaridad y la tolerancia y premiar los actos en los que los niños se ayuden unos a otros.
Si sospechas que tus hijos se encuentran involucrados en este fenómeno, actúa de inmediato, pues mientras menos tiempo pase, será más fácil erradicarlo.
 

13ENE
Los niños y la crisis económicapor: Irma Teresa Murillo Salas 13/01/2009
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Los niños identifican al dinero como el culpable de todos los problemas en casa, de los gritos entre papá y mamá, y de no tener todo aquello que ven en la televisión o los aparadores comerciales. “¡Es verdad!”, pensamos quienes hemos vivido la crisis y sus secuelas; sin embargo, no es el dinero en sí mismo el responsable de los problemas familiares, sino la actitud que nosotros los adultos adoptemos hacia él y los mensajes que les transmitamos a los niños con nuestras palabras y nuestra actitud.

Si bien no es bueno el conformismo, tampoco lo es la postura fatalista que supone que deberíamos tener más de lo que tenemos, o que conjuga el verbo “hubiera”, pensando que “todo estaría mejor si…”.

Alguien dijo con sabiduría que no es rico el que más tiene, sino el que menos necesita. ¿Cuánto necesitan tus hijos para sentirse afortunados? ¿Cuánto crees tú que les tienes que dar para cumplir bien tu papel de madre? Estas y otras preguntas parecidas, determinan la forma como los niños se sienten frente al dinero, las compras o las privaciones.

Los niños entre dos y cinco años interpretan literalmente lo que comentan sus padres, cuando les dicen: “No te lo compro porque no me alcanza”, o “No tenemos dinero”. Ellos sacan sus propias conclusiones e inmediatamente piensan que toda la familia acabará pidiendo limosna en una esquina. Un pequeñito de casi cuatro años me comentaba una tarde: “Julia, tengo miedo, mis papás dicen que están muy gastados y yo sé que lo que se gasta ¡lo tiran a la basura!”. 

En estas edades es recomendable hablar claramente: “Tenemos dinero para lo necesario, pero debes entender que por ahora no podemos gastarlo en dulces o juguetes para ti y tus hermanos”.
Es necesario establecer  reglas de lo que se compra, sin importar de que se disponga o no del dinero, y aclarar la diferencia entre no tener para ciertas cosas - juguetes-, o no tener lo elemental, como comida.

Los hijos deben saber que los padres son los únicos encargados de afrontar los asuntos económicos, y evitar en lo posible involucrarlos en este tema, porque nada lograrán solucionar y podrían sentirse impotentes y, en muchos casos, culpables. Tampoco debemos usarlos de “mensajeros” entre papá y mamá para pedir o para dar entre ellos.

Los niños de seis años en adelante entienden mejor las altas y bajas en los ingresos de la familia, y puden cooperar ahorrando, para que se vayan haciendo responsables, y sientan que ayudan a sus padres.

Muchos pequeños le piden dinero a los Reyes Magos para solucionar los problemas a mamá, o quieren vender sus juguetes para pagar esa renta que debe papá. Es importante evitar que ellos carguen este tipo de agobios que no les corresponden. La forma como ellos pueden apoyar la economía de la familia es apagando las luces de su recámara, no desperdiciar comida, cuidar sus útiles escolares, etcétera. A partir de esta edad, nuestros hijos ya pueden hacer pequeños servicios por los que reciban algunas monedas, y ahorrar y gastar en esta pequeña escala para que vayan conociendo el verdadero valor del dinero y el esfuerzo que implica ganarlo.

En todas las edades es importante recordar que las carencias suelen ser grandes enseñanzas en la vida, y que es importante que vivan estas necesidades aunque se esté en posibilidades de evitarlas. “¿Por qué? -te preguntarás- si yo vivo para mis hijos y todo lo que tengo es para ellos!”. Bueno, pues porque sólo se aprecian si nos cuesta trabajo adquirirlas y los excesos matan las ambiciones y las motivaciones.

Yo escucho muy a menudo de voz de los padres: “Le he dado todo lo que yo nunca tuve y no lo agradece”. A estos padres les diré que no se olviden de darles lo que ellos sí tuvieron, es decir aquello que los hizo ser lo que ahora son. Eso que sí tuviste pudieron ser sacrificios, renuncias, dolores de cabeza, preocupaciones, etcétera, que lejos de hundirte te hicieron crecer como persona.  ¿Por qué negarles a los hijos la misma oportunidad? Esta crisis económica fuerza a los padres a negarles cosas a los hijos y, creyendo que los dañan, los ayudan a crecer y a valorar.

Siempre piden más
Los adolescentes casi siempre quieren mucho más de lo que tienen. Quieren ropa de marca, celulares, dinero para fiestas y diversiones, y se quejan amargamente de que no les alcanza, sin importar cuánto reciban.
Muchas mamás se esmeran en darles gusto y no lo logran. En la adolescencia es normal que esto suceda; pero no debes tomarlo a pecho. Aunque ellos te digan que son los únicos que no tienen lo de los demás, puedes responderles que es una bendición que tampoco tengan las penas o las enfermedades de otros. Un buen ejercicio en esta etapa de la vida es voltear a ver para abajo, en vez de para arriba.
 

03SEP
Déficit de atenciónpor: Irma Teresa Murillo Salas 03/09/2008
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Generalmente, los padres son los primeros en detectar que sus hijos tienen dificultades en el colegio sin entender los motivos, pues se trata de niños brillantes, pero con bajo rendimiento en los estudios. La buena noticia es que, si se les trata correctamente desde la infancia, no tendrán problemas en su edad adulta, pero de no prestarles la atención debida manifestarán, a mediano y largo plazo, conflictos en todos los aspectos de su vida.
 
Los niños con déficit de atención son olvidadizos; se distraen con cualquier estímulo del ambiente,  les cuesta trabajo escuchar, no saben obedecerinstrucciones ni  terminan sus tareas, y evitan las que requieren esfuerzo mental; mueven continuamente los pies y las manos; se levantan de manera constante de su asiento sin motivo; tienen el umbral de tolerancia a la frustración muy bajo; se enojan cuando pierden y son muy impulsivos. Les resulta frustrante postergar la gratificación, son hiperactivos, aunque no todos, y otros pueden ser pasivos.

Este padecimiento es más común de lo que se cree y en casi todas las escuelas existen niños con este problema. Y parece mentira, pero la universidad representa menor complicación que la preparatoria, pues los adolescentes se vuelven adultos jóvenes, y ellos eligen y miden sus tiempos de estudio: dos o tres horas cada día, eliminando las áreas que los ponen en aprietos.

EL TRATAMIENTO
En algunas ocasiones, los niños con déficit de atención requieren ser medicados, pero antes de hacerlo, el primer paso es que los padres reconozcan que tienen un problema y acudan con un especialista, debido a que el tratamiento requiere de un equipo multidisciplinario: pedagogos, psicólogos, neurólogos,  pediatras, maestros, psicomotricistas.

DAÑO CRÓNICO
Si no son atendidos a tiempo sufrirán un daño grave en su autoestima porque son regañados, se les expulsa del salón de clase; les explican una misma cuestión cinco veces y lo siguen haciendo mal. Durante sus periodos altos de atención pueden hacer una pregunta inteligente, elaborada; en cambio, en los periodos de atención baja pueden restar, en vez de sumar. Son alumnos que incluso reprueban años.

El deficit en adultos
Los niños que no manejan sus impulsos necesitan medicamentarse y algunos padres se oponen a esto, pero deben saber que, de no hacerlo, sus hijos presentarán problemas emocionales colaterales toda su vida, y se exponen más al peligro; tienen más accidentes y mayor predisposición a pelear. Bien guiados, estos pacientes aprenden a conducirse, y los medicamentos los ayudan a madurar. Hasta hace poco, se creía que este trastorno desaparecía en la adolescencia. Hoy sabemos que, si no se realiza el diagnóstico y tratamiento adecuados, 40% de esos casos manifestará patologías adictivas y otros trastornos derivados de la impulsividad. De hecho, dos terceras partes de los actuales abusadores de sustancias han padecido este cuadro, diagnosticado o no.
 
De no ser tratado apropiadamente, este padecimiento interferirá en todas las áreas de su vida adulta: trabajo, matrimonio, relación con amigos e hijos; manifestará baja autoestima, sentimientos de incapacidad y con el costo devivir en constante frustración.
Si son debidamente atendidos desde niños tendrán todas las oportunidades de alcanzar
una existencia plena.
 

12AGO
Yo, madre trabajadorapor: Mónica Martínez Gómez 12/08/2008
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(+15 Calificación, 21 Votos)
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Trabajar y ser mamá. Ser mamá y trabajar. Uno a la par del otro. Ése parece irse convirtiendo en el pan nuestro de cada día. Sea por necesidad, por gusto, o por ambas razones, las filas de quienes se desempeñan como mujeres trabajadoras y madres de familia engordan cada vez más. Y entonces, cómo lograr un balance entre ambas actividades se convierte en una verdadera hazaña de malabarismo. Aunque quizá la solución no sea tan complicada como nos lo parece cuando estamos agotadas por querer estar en todos lados y hacerlo todo sin morir en el intento. Así que…

Primero que nada, libérate de culpas. Si has decidido conciliar ambas actividades o tienes que hacerlo, sí es posible sentirte realizada en cada campo.

Organízate. Planea con antelación toda tu semana, pero siempre sé realista. No eres la mujer maravilla, pero sí una mujer que ama a su familia y su profesión.

Si no eres madre soltera, comparte la responsabilidad y divide las actividades con el padre. Entremezclar los roles beneficia a todos. Que sea él quien levante y vista a tu hijo por las mañanas, para que seas tú quien lo baña y acuesta por las noches. O viceversa. Si tú los dejas en la guardería por la mañana, que él los recoja por la tarde. O túrnense los días. Cuatro manos son mejor que dos. 

Aunque no sea lo más común en tu oficina, habla con tu jefe sobre la posibilidad de reorganizar tus horarios y, si es posible, que te permita trabajar algunas desde tu casa.

En cuanto llegues a casa, olvídate de todo. No te lleves los pendientes de trabajo a casa porque no podrás dedicarte ni a uno ni a otro asunto a fondo. Lo más importante es ser capaz de disfrutar ambos mundos.

08JUL
Niños trabajandopor: Irma Teresa Murillo Salas 08/07/2008
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Más y más padres piden que sus hijos trabajen para hacerse de su propio dinero.

Según los expertos, dar una cantidad de dinero regularmente a lo hijos, les ayuda a aprender a manejar bien las finanzas ya de adultos. Para muchos niños, ganarse su propio dinero es el primer contacto con las decisiones, los presupuestos, el valor de las cosas y conocer la diferencia entre gusto y necesidad. Lo que algunos padres logran es que los hijos trabajen duro por dinero, y en estos momentos de escasez financiera, a más de uno les ha gustado esta idea, ya que saben que el dinero viene acompañado de obligaciones.

Muchos padres logran que sus hijos ayuden en las labores de casa a cambio de dinero que pueden gastarlo como gusten. Si los niños eluden las actividades, aún así tienen su dinero, pero sólo hasta que el trabajo esté realizado. Los pequeños pueden cambiar de actividad como dejar de limpiar los anaqueles por pasear al perro. Las madres no adelantan dinero, para que los niños aprendan a crear su presupuesto, lo organicen y gasten bien; pero si tienen la necesidad de recibir dinero extra, pueden sugerir tareas más pesadas y obtener un ‘plus’ dentro del ‘plan de recompensas extra’.

Que los niños ganen dinero les ayuda a desarrollar habilidades empresariales de la vida real sin tanta presión. Reforzar los castigos por no hacer las tareas también les enseña responsabilidad. El sistema incluye una lista
de tareas básicas para el hogar, como hacer la cama —gratis—. Pero si se requiere de ayuda en un proyecto mayor (como apilar las hojas del jardín, por ejemplo), los niños son remunerados; lo cual les deja ganancias a la semana. Y cuando los padres no tienen proyectos en puerta, entonces los niños tampoco reciben dinero, lo que les motiva a ahorrar. Sus papás también los alientan a poner la mitad de sus ganancias en una cuenta de ahorros por si tienen que hacer gastos mayores. El resto, lo pueden usar como dinero de bolsillo.
Tener una base de tareas sin pago les da el mensaje de que todos los miembros de la familia deben contribuir en algo. Cuando piensan en trabajos de la casa como deberes de contratación externa, los papás también pueden sugerir tareas que realmente beneficien al hogar, lo que será un excelente incentivo para los chicos.

Conforme los hijos crecen, tienen más demanda en la escuela, por eso los papás deberían delimitar el número de trabajo y labores, pues ocuparlos por algunas horas recolectando las hojas, tal vez no sea la mejor elección.

Esta forma de trabajar tiene muchas ventajas: provee de estabilidad, iniciativa a la recompensa y da control a los hijos sobre su tiempo, así como de los ingresos. Además les enseña que hay muchas maneras de ganar dinero. Si el niño o adolescente ahorra, se enseñará a establecer objetivos financieros que van más allá de sus gastos diarios, y le dará una mayor solidez en su educación. Pagarle la gasolina, si obtiene buenas calificaciones, da el mensaje de que sus padres se comprometen con su propio éxito.
 

24JUN
Amor a 2da vueltapor: Irma Teresa Murillo Salas 24/06/2008
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Para muchas mujeres, el divorcio o la separación de su pareja no les impide reconstruir sus vidas al lado de otra persona. Por supuesto, no sin antes analizar, superar y confrontar dudas, temores y hasta la opinión de los demás.

Cuando una mujer decide casarse o unirse en pareja, está más que ilusionada, piensa que esta elección es lo mejor que le puede suceder e idealiza su vida futura a partir de ese momento; no obstante, como en todo, una relación no es perfecta y en ocasiones los altibajos vividos hacen que termine para siempre. Cuando esto sucede, para muchas el dolor y la tristeza son inevitables; experimentan angustia, abatimiento, sentimientos de culpa, deseos de agredir, tendencia al aislamiento, falta de apetito, insomnio, variaciones de humor, falta de disposición o baja en el rendimiento de las actividades laborales. Aunque en otras, la situación pasa sin afectar o causar mayores alteraciones en su vida cotidiana. Los hombres se relacionan con alguien más con rapidez, en parte porque se cree que son más dependientes emocionales que las mujeres. 

Independientemente de la razón que los motive a vincularse otra vez, tanto el hombre como la mujer, por su propia naturaleza, necesitamos vivir en compañía.Para una mujer sentirse protegida, segura y querida es importante y lo que más anhela es compartir en forma definitiva su vida con un hombre; sin embargo, para nosotras, la decisión de volverse a casar no es nada fácil. Con frecuencia la mujer se siente abrumada por pensamientos ambivalentes: por un lado todavía tiene la ilusión y el deseo de amar y ser amada, pero por otra parte teme repetir los mismos errores, sentirse atrapada en conflictos, complicarle la vida a sus hijos (si los tiene) y/o que al final su nueva relación tampoco funcione.

También existen las que buscan a toda costa un nuevo amor basándose en ideas equivocadas. No es bueno casarse:

>Para aliviar la soledad, tristeza o depresión.

>Porque te sientes presionada por tu familia y por la sociedad que te hace creer que sin un hombre no vales nada. 

>Porque sientes que la carga económica es demasiada para solventarla tú sola.

>Porque crees que en esta segunda ocasión sí será tu ‘príncipe azul’ quien te rescatará y vivirás feliz a su lado por siempre.

>Porque tus hijos necesitan un padre.

>Para escapar del control de tus padres, quienes aún te tratan como ‘hija de familia’.

 

 

17ABR
Educar sin gritospor: Irma Teresa Murillo Salas 17/04/2008
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Tener paz en la familia es posible y no me refiero a ser totalmente permisiva y que los niños corran salvajemente por doquier. Lo que quiero decir es que los padres debemos darles lo que realmente necesitan: alguien menos nervioso y más sensato, que no pierda la cabeza, aun cuando ellos la pierdan.

Lo que los tranquiliza es reconocer que tu rol principal en la familia es ser una autoridad que sabe controlarse. Así que en vez de enfocarte en tus hijos, concéntrate en controlar tus emociones, así podrás calmarlos en vez de pelear con ellos.

Para mantenerte tranquila
1 Reconoce cuándo te están provocando. No caigas en su juego.
2 No te metas con las recámaras tiradas. Tener su propio espacio es esencial para los niños para que formen su propia identidad.
3 Deja que tus hijos discrepen. Aunque resulta difícil para muchos padres dejarlos (o incluso alentarlos) a discrepar, hacerlo crea un profundo respeto mutuo entre ustedes.
4 Respeta sus elecciones
5 Trata de no mirarlos a los ojos. Las conversaciones que tienen contacto visual constante son amenazantes, haciendo que se vuelvan incómodas para las dos partes.
6 No te enganches en sus plietos.
Nadie debiera sacarte de tus casillas a menos que lo permitas, ni siquiera tus hijos. Cuando nos volvemos viscerales, les gritamos, y solamente comunicamos un mensaje: “cálmame, por favor”, es decir, les pedimos ayuda para que hagan algo que nos calme y libere nuestra ansiedad. ¿Cómo podrá un niño de 4 o 14 años de edad lidiar con ese tipo de presión? Así que aquí hay algo que puedes hacer diferente: tomar el control de tus emociones será la prioridad. “Silénciate” mentalmente, cuando sientas que tu frustración va a tomar el control.

Gritar da resultados, pero por ¿cuánto tiempo? Tus hijos obedecerán hasta que decidan revelarse. Cuando te niegas a gritar, no hay nada contra qué revelarse, porque tus hijos decidirán y toman la responsabilidad de sus actos.