¿Alguna vez has tenido “la sensación” de que tu pequeño te necesita? ¿Alguna vez has tomado una decisión salida de tus entrañas sobre tu hijo o hija? Seguro lo has hecho, eso es intuición, y la de una madre puede ser muy poderosa.
Aunque nos hemos convertido en una sociedad con mucha información, también nos hemos vuelto menos instintivos y menos confiados en nuestra intuición. “Estamos tan inundados de libros, revistas y programas de TV de expertos que ya no creemos en nosotros mismos,” dice la Dra. Michele Borba autora de 12 Simple Secrets Real Moms Know (12 sencillos secretos que toda madre conoce). Además, puede ser difícil escuchar a tu intuición cuando el “ruido” de la vida moderna (celulares, correos electrónicos, horarios complicados) se atraviesan en el camino.
Muchas mujeres describen la intuición materna literalmente como un sentimiento en sus entrañas, que llega como una pequeña explicación, y muchas veces este es descartado por muchos. ¿Quién no ha tenido un medico que te dé por tu lado en tus instintos acerca del sarpullido de tu hija, o una vecina que descarte tu teoría sobre lo que motiva los problemas de tu hijo en el colegio? Bueno, aquí algo de inspiración para ayudarte a mantener la confianza en tu intuición: tres mujeres que siguieron su intuición y así pudieron proteger a sus hijos.
“Todos pensaban que mi hija era bipolar, excepto yo”
Cuando mi hija Lilly* cumplió 2, noté que estaba muy sensible. Se ponía histérica al menor motivo y yo no podía calmarla. Algunas personas decían que ella sólo me estaba manipulando, suponiendo que algo estaba mal con mi manera de educarla. Pero yo sabía que ese no era el problema.
Conforme Lilly crecía, no mejoraba su comportamiento. Muchas veces a la semana ella se molestaba por algo y había llanto, rabietas y cosas volando por la casa. Necesité de toda mi inteligencia y energía para calmarla. Finalmente cuando Lilly tenía 8 años, fuimos con una conocida psiquiatra infantil, quien diagnosticó un desorden bipolar. Lo que la psiquiatra decía tenia lógica, Lilly estaba pasando por cambios tremendos de humor, algunas veces estaba realmente feliz y otras completamente fuera de control. Pero aun así yo no creí que ese fuera el problema. ‘¿Está segura?’ le pregunté a la especialista. Ella respondió que estaba segura que Lilly tenía un desorden bipolar.
Los meses siguientes me sentí a disgusto con el diagnóstico. La doctora seguía cambiándole los medicamentos pero, nada parecía mejorar. Después de un año sin que nada de esto la ayudara, la psiquiatra me dijo que algunas personas no respondían al tratamiento y que mi hija probablemente era una de ellas. Pero mientras tanto, noté que lo que parecía sacar de quicio a Lilly era el ruido. Los sonidos fuertes la hacían llorar durante horas; los ruidos repentinos la exaltaban especialmente, aunque ni su hermano y hermana los notaran. Fue entonces cuando supe que su comportamiento tenía que ver con el ruido.
Me senté en la oficina de la doctora con un nudo en el estomago, lista para explicar mi teoría del ruido. Sabía que no me iba a creer, pero también estaba segura de que podríamos ver esta posibilidad. Cuando le dije a la especialista que pensaba que Lilly tenía un tipo de desorden sensorial, ella me dijo que yo estaba equivocada. Incluso mi esposo respaldó a la doctora y dijo, ‘Tenemos el diagnóstico de la mejor especialista.’ Pero yo sabía que ella estaba equivocada. Aun así, yo seguía sentada allí asintiendo a todo lo que decía esta doctora. Es difícil escuchar tus propios instintos cuando todos te dicen que estás mal.
En ese entonces, yo hacía un doctorado en psicología. En uno de mis cursos, el profesor hablo del Procesamiento de Desorden Sensorial (Sensory Processing Disorder) una condición que ocurre cuando las señales de los sentidos no están organizadas correctamente, haciendo de las tareas diarias todo un reto. Al momento de describirlo, pensé, esto es lo que tiene Lilly. Fue el foco que iluminó mi intuición. Al final encontré una terapista ocupacional que diagnosticó a Lilly adecuadamente con SPD (por sus siglas en ingles: Sensory Processing Disorder). A través de diferentes terapias, el comportamiento de Lilly comenzó a mejorar. Mi hija ahora tiene 14 años y es exitosa tanto académica como socialmente. Y yo aprendí a escuchar mi intuición y a no rendirme, aun cuando los demás, incluyendo los expertos, me digan que estoy mal.”
“Tenía un mal presentimiento sobre la guardería de mi hijo.”
Cuando mi hijo, Levi, tenía cerca de 18 meses, decidí regresar a trabajar y comencé a buscar una guardería. Llamé a una agencia gubernamental que tiene registradas las estancias infantiles y había una justo en mi vecindario. Estaba encantada porque podíamos ir caminando. Así que fui a conocerla. Los niños se veían bien y contentos, pero algo no estaba bien y yo no podía saber qué. Tenía el presentimiento de que no era una buena decisión dejar ahí a mi hijo. Llevé nuevamente a mi madre para que viera el lugar y dijo, ‘Ah, está bien.’ Pero aun así, algo acerca del lugar no me caía bien. No sabía si era que yo comportaba como una temerosa madre primeriza o qué. Resultaba extraño que descartara el lugar sólo por un vago presentimiento que, en realidad, no podía explicar.
Después le comenté a mi amiga Chris sobre mis percepciones, ella se ofreció a ver el lugar. Cuando Chris llegó a la guardería de sorpresa, encontró a la niñera paseando a su perro, !dejando a seis pequeños solos en su casa! Al final, encontré otro lugar para Levi y desde el instante en el que entré, no tuve ninguna duda en dejarlo ahí.
“Salvé la vida de mi hijo al no aceptar un no por respuesta.”
Cuando mi hijo Pete tenía casi 2 años, repentinamente comenzó a cojear. El doctor pensó que una infección en el oído podía ser la causa de esta falta de equilibrio y sugirió esperar unos días. Dos días después estaba vomitando. El médico pensó que se trataba de un simple virus. Pero yo no estaba de acuerdo y se lo comenté a mi esposo. ‘Lo que causa este mal en Pete está en su cerebro.’
Tan pronto dije esas palabras, recordé que frecuentemente yo tenia pesadillas donde Pete se perdía o moría. Hoy, creo que estos sueños fueron el aviso de mi intuición. Pronto, una pequeña voz apareció en mi cabeza, diciendo, ‘Eso no sólo es una infección en el oído y un resfrío’ Y esa voz no iba a ser silenciada. Así que llevé a Pete al hospital donde le practicaron una tomografía. Mi esposo Jeff y yo presenciamos la prueba y de inmediato le dije que a los técnicos no les gustaba lo que veían. Encontraron que Pete tenía una gran masa en su cerebro. En cuestión de horas estábamos en un helicóptero camino a un hospital en Portland, OR, a 300 millas. A Pete le diagnosticaron pineoblastoma, un tumor cerebral muy raro. Los doctores dijeron que Pete debía recibir altas dosis de quimioterapia ya que su cerebro en desarrollo era muy joven para radiaciones. También nos dijeron que era muy peligroso remover el tumor, pero yo tenía el presentimiento de que si Pete iba a tener una oportunidad de luchar contra esto, tenían que remover el tumor. Instintivamente supe que tenía que sacarlo del hospital y buscar algo mejor para él. Tenía que haber un médico que removiera esa bestia del cerebro de Pete.
Sabía que tenía un reto en mis manos: encontrar otro doctor. Esa semana llamé, envié correos electrónicos y mandé los registros a cirujanos de todo el país. Nos enlazamos con especialistas del Hospital de Investigación Infantil St. Jude en Memphis y el domingo siguiente estábamos en un avión rumbo al único lugar que había reconocido la urgencia de nuestra situación. Cuando llegamos a St. Jude, el tumor había duplicado su tamaño, pero los cirujanos pudieron removerlo.
Hoy, Pete está bien y mis pesadillas han desaparecido. Si no hubiera escuchado esa voz que me dijo que buscara al médico que removiera el tumor, Pete no estaría vivo.
3 pasos para confiar en tus instintos
Ponte en forma
El cuerpo nos da mucha información, dice la Dra. Marcia Emery, autora de Dr. Marcia Emery’s Intuition Workbook (Cuaderno de Trabajo para la Intuición de la Dra. Emery). Toma nota si al tomar una decisión tu corazón se acelera, sientes un nudo en el estomago o te falta la respiración. Estas sensaciones pueden estarte avisando que tu decisión no es correcta, comenta Emery.
Desconéctate
Por lo menos una vez al día, apártate de la tecnología que rige tu vida. Solo siéntate y escucha a tu mente, sugiere Emery. Puedes estar más atenta a los pensamientos intuitivos si te das tiempo para la reflexión. “Debes deshacerte de las distracciones diarias, ya que la mente intuitiva se desvía cuando utilizas tu mente analítica, explica.”
No sigas al miedo
La intuición no está basada en el miedo, dice Emery; más bien es una sensación de confianza. Si tiendes a ponerte ansiosa, entonces tu “sentimiento” puede no ser intuición. “Pregúntate a ti misma, ¿Cuántas veces he tenido esta sensación y no ha sido nada?” comenta ella. “La intuición viene de las entrañas, no de la mente.”


15:21
ES VERDAD, EL DIA QUE LE DIERON SUS RESULTADOS A MI HIJA PARA LA ESCUELA SUPERIOR YO NO RECORDABA QUE ESE DIA SE LOS DABAN Y DE REPENTE SENTI LA NECESIDAD DE LLAMARLA Y ESTAR CON ELLA, LA LLAME A LA CASA Y ESTABA LLORANDO POR QUE NO SE QUEDO, NO SE POR QUE PERO YO INTUIA QUE MI HIJA ME NECESITABA EN ESE MOMENTO.