Durante siglos, la figura del padre ideal ha sido la de proveedor, la del hombre que sale temprano de casa y regresa tarde y cansado para recibir las atenciones de toda la familia, en especial de su esposa, quien debía tenerle la cena lista. Si alguno de estos hombres quedaba viudo, debía buscar de inmediato alguna “madre sustituta” para sus hijos, pues él no sabía ni freír un huevo ni cambiar un pañal.
La mujer, por su parte estaba educada para criar a los hijos en casa y recibir de su marido lo necesario para vivir; si alguna quedaba viuda o abandonada se consideraba un acto “heroico” el hecho de que saliera a trabajar, con el alto precio de descuidar a sus hijos.
En tiempos de los abuelos, se consideraba un desprestigio para el marido que su mujer trabajara porque significaba que él no lo estaba haciendo bien y a los papás les parecía todo un desperdicio que sus hijas estudiaran una carrera para ¡“colgar su título en la cocina”!
Lo anterior no quiere decir que no existieran muchos casos “heroicos” tanto de mujeres como de hombres; sin embargo, se disimulaban porque la sociedad calificaba de “mantenido” o de “mala madre” a los que se salieran del molde oficial.
El siglo XX viene a cambiar todo el esquema, primero, porque las guerras obligan a las mujeres a tomar los puestos que los hombres han dejado vacantes al irse al frente y después porque la economía mundial necesitó que las mujeres generan ingresos.
El cambio se dio tan bruscamente que no dio tiempo a asimilarlo ni a adaptar los horarios y los estilos de trabajo al mundo de las mujeres y ellas tuvieron que acoplarse haciendo; hasta el día de hoy, mil y un piruetas para cubrir sus “dobles turnos” de madres y proveedoras. Aceptando sueldos menores y discriminación porque los hombres se sentían invadidos en su espacio de poder.
Las crisis subsiguientes han reducido las fuentes de trabajo y las mujeres han mantenido sus puestos por demostrar responsabilidad y dedicación, esas mismas características que han ejercido por tanto tiempo para ser madres y esposas.
Hoy en día es muy común saber de parejas en las cuales ella tiene un buen empleo y él se encarga de las labores de la casa y de los niños; sin embargo, esta transición no ha sido fácil para ninguno de los sexos, porque los moldes oficiales de los que hablamos se quedan pegados en nuestra mente aunque intentemos por todos los medios quitárnoslos. Estos mismos moldes los hemos transmitido a los hijos, prolongando un sufrimiento innecesario.
¿Cómo ven los niños del siglo XXI los cambios de roles familiares?
Ellos los pueden ver muy normales o percibirlos como una tragedia dependiendo como se los “vendan” sus padres.
Una mujer en proceso de divorcio fue a pedirme apoyo psicológico para sus hijos de 16 y 14 años . Cuando le pregunté el motivo de la ruptura de un matrimonio que había durado 20 años me dijo que su marido llevaba cinco años desempleado y ella mantenía a la familia y ya no podía soportarlo más.
Recuerdo que mi reacción fue un poco brusca, porque le pregunté, cómo le habría hecho su marido para haber aguantado manteniéndola los 15 años anteriores. “Esa era su obligación” me respondió muy enojada y entendí que no importaba tanto el dinero sino el sentirse defrauda y hacérselo sentir así a sus hijos. Cuando hable con el marido percibí su baja autoestima y mucha tristeza dentro de un hombre que, aunque pedía comprensión de su familia; internamente les daba la razón por despreciarlo.
Otro caso similar ocurrió cuando llegó un papá a remitirme a sus hijos a terapia porque “la mamá trabajaba mucho”. Al preguntar quien se hacía cargo de los niños el hombre respondió con tristeza “Yo me hago cargo; pero no es lo mismo”.
Fue asombroso ver como los niños se sentían “abandonados” aunque tenían todo tipo de cuidados y cariño; y es que la actitud de sus padres les mandaba un mensaje de que las cosas no estaban como debían estar en casa.
Por otro lado me ha tocado escuchar conversaciones de niños pequeños sobre los respectivos trabajos de sus madres o sobre lo bien que papá les prepara el desayuno sin ningún tipo de carga emocional. Estos niños ven muy normal que una mami se vaya a la oficina o que un papi haga la comida.
Los niños ven a través de nuestros ojos:
Tal vez los adultos no expresamos con palabras lo que nos molesta ver al esposo desempleado o a la esposa fuera de casa todo el día por trabajar de sol a sol; pero nuestro lenguaje no verbal, nuestras actitudes y reacciones les dejan claro a los pequeños que ese papá o esa mamá no están cumpliendo con lo que se espera de ellos. La culpa hace su aparición y entonces esos padres empiezan a “compensar” con consentimientos o regalos las carencias que ellos creen que sus hijos viven. Los niños captan perfectamente esta situación y toman provecho de ella.
Si a esto le agregamos que los compañeros de la escuela se burlen del niño porque su papá es el “amo de casa” o porque su mamá no puede asistir a los festivales, el asunto se complica aún más y la familia corre peligro de entrar en un serio conflicto.
¿Cómo les vendes a tus hijos lo que haces?
“Perdónenme por no tener trabajo”. “Perdónenme porque tengo que salir a trabajar”
Si esa es tu venta los hijos comprarán una gran auto compasión hacia si mismos y una imagen deteriorada de sus padres.
Si vives el desempleo del padre como una tragedia, como una grave falla o como un secreto así lo vivirán tus hijos.
Si por otro lado esperas cumplir los roles de madre como lo hacía tu abuela y al mismo tiempo trabajas para mantener la casa, seguramente fallarás y tus hijos no apreciarán tu esfuerzo, sino que verán tu frustración.
Tenemos que renovar los moldes sociales:
Lo primero que tenemos que renovar es el contrato matrimonial para crear una verdadera sociedad conyugal en la que ambos apoyen su proyecto de vida desde cualquier posición, la posición que resulte más fácil o la que las oportunidades les ofrezcan. Una vez que vayamos modificando este primer contrato podremos modificar la visión que les daremos a los hijos de lo que significa ser papá y mamá.
Debo reconocer, que a las mujeres nos cuesta mucho trabajo ceder nuestro puesto al papá en la cercanía con los hijos, en ese día a día que nos permite conocerlos mejor que nadie y ser su centro. También nos cuesta trabajo gastar el dinero que ganamos en detergente o papel higiénico porque pensamos que eso no nos corresponde y que lo que ganamos debe ser para “nuestros chicles”.
Los hombres también tienen que superar ese machismo que los engaña y les dice que solo dando dinero demuestra afecto, o tiene poder sobre su mujer y sus hijos.
Hoy las cosas han cambiado y de nada sirve enojarse con la crisis mundial o con la economía de todo un planeta.
Es tiempo de asumir que si queremos formar un hogar y mantenerlo unido debemos aceptar “entrarle a todo” de la mano de nuestra pareja, como socios y no como enemigos en el que uno explota al otro.
Hoy los moldes vienen en pares, con la misma capacidad y la misma importancia;
Es muy satisfactorio ver a las parejas jóvenes cooperando, tanto en la limpieza de la casa como en el pago de la luz y el gas. Estas parejas deben mantenerse igual cuando vengan los hijos, aceptando la división del trabajo como algo benéfico para todos y no como si hubiera funciones de primera y de segunda clase en la familia.
Hay que empezar por educar a los hijos:
- Pídele a tu hijo que recoja la mesa o que lave la ropa al igual que su hermana. Pídele a tu hija que aprenda a defenderse y que resuelva un problema práctico.
- Enseña a tus hijos que un padre es un hombre que cuida y protege a su familia de muchas maneras, no solo aportando dinero sino dando lo mejor de si mismo y adaptándose a las circunstancias siempre buscando el beneficio de su familia.
- Enséñales que una mamá también puede cuidar y proteger a través del trabajo que realiza fuera de casa.
- Explícales que ambos, papá y mamá son socios en la empresa más importante
- de sus vidas que es el ser sus padres y que por ello se unen para lograrlo con todos sus recursos y fortalezas y también con todas sus diferencias y debilidades que los complementan.
- Por muy ejecutiva que sea mamá o por muy “amo de casa” que sea un papá siempre le imprimirán a su tarea su estilo personal y su género .
- Lo que haces no te convierte en lo que eres; pero lo que eres si trasforma lo que haces.
Cuenta la historia que había tres hombres picando piedra en una cantera para la construcción de una catedral. Le preguntaron al primero que qué hacía y el respondió: “¿No lo ves? pico piedra”. Luego le preguntaron al segundo lo mismo y este contesto: “¿No lo ves? Yo me estoy ganando el pan para mis hijos”. Por ultimo le preguntaron al tercero qué era lo que hacía y él respondió: “¿No lo ves? Yo hago una catedral”
Yo te pregunto ahora qué es lo que tu haces dentro de tu familia y como percibes lo que hace tu pareja ¿Pican piedra o construyen catedrales? Dependiendo de la respuesta los hijos verán en sus padres a unos simples picapedreros o a todos unos arquitectos.
Psic. Julia Borbolla


16:29
Me pareció muy interesante su artículo por que yo estoy a punto de divorciarme por una situación similar, mi esposo tiene un año que no trabaja pero lamentablemente lo perdió por que él lo decidió por que ya no soportaba a su jefe, yo siempre he dicho que quien soporta a su jefe lamentablemente no todos son una perita en dulce me parece que no pensó las cosas y se creyó capaz de encontrar un nuevo trabajo con solo tronar los dedos pero ahora ya no sabe ni que hacer, y yo sigo trabajando como siempre aunque mis jefes son super exigentes pero ni modo prefiero percibir mi sueldo que tener que estar pepenando en las calles y sobre todo que la situación no es fácil, tal vez pensará que soy una exagerada pero no es posible que en un año no tenga un empleo, por que ahora resulta que ya no se quiere contratar quiere iniciar su propio negocio que para mi parecer en estos momentos es super difícil y también considero que si los que tienen tantos millones tan grandes empresas o corporativos se quiebra que podemos esperar nosotros.