Familia
13 ENE
Los niños y la crisis económica por: Irma Teresa Murillo Salas 13/01/2009
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Los niños identifican al dinero como el culpable de todos los problemas en casa, de los gritos entre papá y mamá, y de no tener todo aquello que ven en la televisión o los aparadores comerciales. “¡Es verdad!”, pensamos quienes hemos vivido la crisis y sus secuelas; sin embargo, no es el dinero en sí mismo el responsable de los problemas familiares, sino la actitud que nosotros los adultos adoptemos hacia él y los mensajes que les transmitamos a los niños con nuestras palabras y nuestra actitud.

Si bien no es bueno el conformismo, tampoco lo es la postura fatalista que supone que deberíamos tener más de lo que tenemos, o que conjuga el verbo “hubiera”, pensando que “todo estaría mejor si…”.

Alguien dijo con sabiduría que no es rico el que más tiene, sino el que menos necesita. ¿Cuánto necesitan tus hijos para sentirse afortunados? ¿Cuánto crees tú que les tienes que dar para cumplir bien tu papel de madre? Estas y otras preguntas parecidas, determinan la forma como los niños se sienten frente al dinero, las compras o las privaciones.

Los niños entre dos y cinco años interpretan literalmente lo que comentan sus padres, cuando les dicen: “No te lo compro porque no me alcanza”, o “No tenemos dinero”. Ellos sacan sus propias conclusiones e inmediatamente piensan que toda la familia acabará pidiendo limosna en una esquina. Un pequeñito de casi cuatro años me comentaba una tarde: “Julia, tengo miedo, mis papás dicen que están muy gastados y yo sé que lo que se gasta ¡lo tiran a la basura!”. 

En estas edades es recomendable hablar claramente: “Tenemos dinero para lo necesario, pero debes entender que por ahora no podemos gastarlo en dulces o juguetes para ti y tus hermanos”.
Es necesario establecer  reglas de lo que se compra, sin importar de que se disponga o no del dinero, y aclarar la diferencia entre no tener para ciertas cosas - juguetes-, o no tener lo elemental, como comida.

Los hijos deben saber que los padres son los únicos encargados de afrontar los asuntos económicos, y evitar en lo posible involucrarlos en este tema, porque nada lograrán solucionar y podrían sentirse impotentes y, en muchos casos, culpables. Tampoco debemos usarlos de “mensajeros” entre papá y mamá para pedir o para dar entre ellos.

Los niños de seis años en adelante entienden mejor las altas y bajas en los ingresos de la familia, y puden cooperar ahorrando, para que se vayan haciendo responsables, y sientan que ayudan a sus padres.

Muchos pequeños le piden dinero a los Reyes Magos para solucionar los problemas a mamá, o quieren vender sus juguetes para pagar esa renta que debe papá. Es importante evitar que ellos carguen este tipo de agobios que no les corresponden. La forma como ellos pueden apoyar la economía de la familia es apagando las luces de su recámara, no desperdiciar comida, cuidar sus útiles escolares, etcétera. A partir de esta edad, nuestros hijos ya pueden hacer pequeños servicios por los que reciban algunas monedas, y ahorrar y gastar en esta pequeña escala para que vayan conociendo el verdadero valor del dinero y el esfuerzo que implica ganarlo.

En todas las edades es importante recordar que las carencias suelen ser grandes enseñanzas en la vida, y que es importante que vivan estas necesidades aunque se esté en posibilidades de evitarlas. “¿Por qué? -te preguntarás- si yo vivo para mis hijos y todo lo que tengo es para ellos!”. Bueno, pues porque sólo se aprecian si nos cuesta trabajo adquirirlas y los excesos matan las ambiciones y las motivaciones.

Yo escucho muy a menudo de voz de los padres: “Le he dado todo lo que yo nunca tuve y no lo agradece”. A estos padres les diré que no se olviden de darles lo que ellos sí tuvieron, es decir aquello que los hizo ser lo que ahora son. Eso que sí tuviste pudieron ser sacrificios, renuncias, dolores de cabeza, preocupaciones, etcétera, que lejos de hundirte te hicieron crecer como persona.  ¿Por qué negarles a los hijos la misma oportunidad? Esta crisis económica fuerza a los padres a negarles cosas a los hijos y, creyendo que los dañan, los ayudan a crecer y a valorar.

Siempre piden más
Los adolescentes casi siempre quieren mucho más de lo que tienen. Quieren ropa de marca, celulares, dinero para fiestas y diversiones, y se quejan amargamente de que no les alcanza, sin importar cuánto reciban.
Muchas mamás se esmeran en darles gusto y no lo logran. En la adolescencia es normal que esto suceda; pero no debes tomarlo a pecho. Aunque ellos te digan que son los únicos que no tienen lo de los demás, puedes responderles que es una bendición que tampoco tengan las penas o las enfermedades de otros. Un buen ejercicio en esta etapa de la vida es voltear a ver para abajo, en vez de para arriba.
 

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