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Categoría 'Psicología'

Yoga: la sanación que necesitaba

Agosto 19, 2008

Hace algunos meses comencé a practicar yoga con regularidad, principalmente para relajar mi cuerpo y mi mente de las tensiones cotidianas. Pero jamás me imaginé que esta milenaria disciplina hindú me llevaría a descubrir toda una experiencia de salud, plenitud y sobre todo felicidad. Una parte esencial del Ashtanga yoga es la respiración profunda Ujjayi, con la cual oxigenamos y energizamos el cuerpo y facilitamos el control de las posturas. La respiración genera una gran concentración y al estar más concientes obtenemos una mayor serenidad. De esta forma logramos la unión del cuerpo con la mente, el contacto intenso con el espíritu y la vuelta al propio centro, al verdadero ser.

Liberación emocional

Yo sabía que practicar yoga me ayudaría a enfrentar desafíos físicos, pero una de las numerosas cosas que me han sorprendido fue al salir de las primeras clases, me sentía más reflexiva, emotiva e incluso con ganas de llorar. Esto tiene una explicación. Cuando hemos guardado sentimientos de enojo y dolor por algún tiempo, viven encerrados y reprimidos en nuestro pecho, haciéndonos mantener inconcientemente los músculos del tórax tensos, la postura rígida y los pulmones casi inmóviles.

Con el yoga aprendemos a respirar de forma profunda y conciente, la respiración ayuda a desvanecer esa tensión muscular y así empiezan a brotar esos sentimientos contenidos. En cada inhalación sanamos el dolor y en cada exhalación expulsamos los “desechos emocionales”. Este desbordamiento va disminuyendo su intensidad hasta desaparecer, haciéndonos sentir liberados. Entonces podemos respirar tranquilamente, nuestro interior se llena de energía positiva y nos sentimos en completa paz. 

Dominio corporal

A nivel físico ejercitamos estiramientos, flexibilidad, equilibrio, fuerza y resistencia, y trabajamos músculos, articulaciones, circulación sanguínea, glándulas, órganos y sistemas. Con la práctica vamos adquiriendo mayor energía, fuerza y elasticidad, y sobre todo conocimiento de nuestra anatomía y conciencia del propio cuerpo. Pero mucho más allá de los beneficios físicos, liberamos endorfinas, que nos dan una gran sensación de bienestar y optimismo, sentimos una gran relajación mental y cada día vamos disfrutando mucho más de la práctica. 

Apertura mental

El dominio de las posturas difíciles nos libera de tensión, ansiedad y mejora nuestra autoestima. Esto ha facilitado en mí una apertura mental positiva que me ha ayudado a cambiar de actitud en profundidad. Hasta el momento las enseñanzas del yoga me han ayudado a darme cuenta de que la mayoría de las cosas que me preocupan en la vida no valen la pena, sólo importa estar presente en el aquí y el ahora para mantener el equilibrio mental y emocional. He comenzado a decirle adiós a la rigidez mental, a la intolerancia, a la pérdida del control, a la inquietud, al nerviosismo, a la inseguridad, a los temores en la vida, a los bajos estados de ánimo. El yoga me ha enseñado a permanecer tranquila, a aumentar mi autoconfianza y a sentirme segura ante las situaciones que no se pueden controlar. 

Crecimiento espiritual

Para mí cada clase ha sido un verdadero viaje por mi propio cuerpo, mente y espíritu. No sólo salgo relajada, sino flotando, inundada en una sensación de paz, de felicidad natural, de amor por el universo. Me siento libre, disfrutando concientemente mi existencia y esta nueva forma de percibir el mundo. El yoga es ahora para mí un estilo de vida. Es increíble cómo este cambio ha dado lugar a una nueva yo que no había experimentado, dándome un bienestar invaluable que no cambiaría por nada.

Sal de la depresión post-truene

Junio 9, 2008

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Sí, probablemente estás sufriendo mucho. En las películas has visto el dolor del adiós entre dos seres que se aman inmensamente y has escuchado a tus amigas lamentarse durante largas y lacrimosas horas, pero nunca pensaste que te pasaría a ti. Tu amor era diferente, auténtico, profundo, elevado, sublime. Él se maravillaba con tu belleza, sus abrazos nunca te eran suficientes, se besaban hasta el amanecer, todo el día se enviaban mensajes tiernos y planeaban un futuro juntos. Hasta que un día la ruptura te destrozó el corazón y te dejó sangrando emocionalmente.

Estás en shock. De repente te llegan profundamente las canciones de amor. Quieres vomitar, quieres meterte a un agujero, quieres irte en un barco muy lejos. Las malas noticias: estás sufriendo. Las buenas noticias: no morirá tu espíritu, a menos que tú lo permitas. Aunque por el momento no lo creas, saldrás de la depresión post-truene, sólo necesitarás tres cosas: fuerza, esperanza y determinación. Pero seguir estas ocho recomendaciones te hará mucho mejor de lo que imaginas:

Ocho pasos para salir adelante

1. Busca tiempo para las lágrimas. Estás herida, es normal que tu proceso de recuperación necesite tiempo y espacio. Así que mantén tu agenda libre, toma un baño, recuéstate tanto como lo necesites, tómate un té, escribe un diario, sal a caminar, llora todo lo que tengas que llorar.

2. No te preguntes qué sucedió. No te culpes de nada a ti misma, no te recrimines por lo que está fuera de tu control. Ni siquiera te hagas la pregunta “¿qué hice mal?” porque tú no hiciste nada mal. Culpa al destino o al universo, pues estás experimentando un ciclo natural e inevitable, porque los sentimientos cambian, las relaciones terminan, el calor se enfría, las hojas de los árboles caen, las personas mueren.

3. No te preguntes por qué. Es sólo una pregunta para torturarte. Generalmente las relaciones terminan por una infinidad de razones complicadas, es imposible desmenuzarlas y encontrar una causa única del por qué se acabó tu relación. Ahórrate esa actitud de detective, estarás mejor si aceptas la ruptura y no tratas de descifrar por qué ocurrió.

4. Deja a tu amor partir. Sí, es muy cursi el dicho “si amas algo, déjalo libre”, pero piensa que tratar de convencer a tu ex de quedarse contigo cuando él ya no quiere es una pérdida de energía que sólo retardará tu recuperación. No supliques, no trates de negociar, no le envíes incontables mails, no llames a sus amigos, no te aparezcas en su trabajo, no veas sus fotos en la red. Cuando sientas la urgencia de entregarle tu corazón, detente, siéntate y di la siguiente frase en voz alta: “Te dejo ir porque te amo, porque me amo más a mí y porque merezco un amor recíproco”. Repítela hasta que tu impulso desaparezca.

5. Permítete enojarte pero no amargarte. No busques venganza, no hables mal de tu ex, no sufras ataques de rabia, no hagas nada de lo que te avergonzarás después. Sé la más respetable de los dos, sin importar qué tan insensible fue él contigo. Deja que tu ira te motive a volverte más fuerte, a sanar y a nunca más conformarte con menos de lo que mereces.

6. Revalórate, reinvéntate, cambia. Limpia tu clóset, regálate un masaje relajante, tíñete el cabello, cómprate sábanas nuevas, inscríbete en una clase de yoga o danza, estrénate como una nueva persona. Con cada final viene un principio, ¿qué dirección quieres que tu nueva vida tome? Haz una lista de tus objetivos y aclara cuáles son tus prioridades.

7. Encuentra compañía. Sabes que no estás sola y no eres la primera ni la última en tener el corazón roto. Habla con amigos, vean películas, escuchen música, compartan libros. Toma consuelo en las historias de quienes han amado, perdido y viven para contarlo.

8. Toma tu recuperación como un trabajo. Terminar una relación es como el equivalente emocional del trabajo de construcción. El esfuerzo es enorme, terminas cubierta de mugre, puedes lastimarte un dedo, pero si te tomas tu tiempo, si eres consciente, si trabajas para sanar en lugar de quedarte estancada, al final obtendrás una hermosa y sólida casa nueva.

Persecución

Febrero 6, 2007

Foto: AP Prohibida su reproducción total o parcial. Esmas.comEl sábado a las 2 de la madrugada salí de cenar con unas amigas y regresé a mi casa manejando sola. De repente un tipo se me emparejó en un semáforo y me empezó a pitar y a gritar “¡Ey, hola, hey!”. Yo fingí no verlo ni oírlo y seguí con mi camino, pero en cada semáforo se emparejaba y me seguía gritando “¡Ey, voltea!”. Volteé a verlo y le hice cara de “¿Qué quieres idiota?” y me contestó “¡Baja tu vidrio!”. Le contesté “No molestes”. No se veía borracho sino como en coca o speed, seguro andaba en algo. Bajé la velocidad y esperé a que se alejara pero volvió a emparejarse a mi coche y a gritarme “¡Qué onda!”. Entonces le dije “¡Vas a ver!” y tomé mi celular, simulé marcar el 060 y pedir auxilio. En realidad no marqué a ningún número, sentí que no servía de nada porque no había una sola patrulla en todo el trayecto de la persecución.

El individuo siguió persiguiéndome y gritándome, yo me mantenía tranquila para evitar perder el control y chocar. Determiné no irme a mi casa para evitar que el tipejo me interceptara ahí y decidí dirigirme a la Delegación para pedir auxilio. El tipo seguía persiguiéndome y gritando, yo aceleré más y él también, venía casi totalmente pegado a mi carro. Llegamos a la división entre la autopista libre a Toluca y la Puerta Santa Fe. Ahí se me cerró y me tuve que frenar, quería obligarme a escucharlo y me gritaba “¡Ey, baja tu vidrio nomás tantito!”. Yo por nada hubiera accedido a caer en su trampa, pero tampoco quise hacerle una seña obscena ni gritarle para no fomentar su ira.

Para cerrarme más el paso, el tipo tontamente se encaminaba hacia la autopista, lo que aproveché inmediatamente para dar un volantazo y subirme de prisa hacia Santa Fe. Él ya no pudo perseguirme porque venían carros a toda prisa detrás, cosa que lo hizo enfurecer y mentarme la madre con el claxon.

Afortunadamente no pasó del susto, pero llegué a la casa alterada y tuve mucho coraje. No podía dejar de sentir tal impotencia y quería matar a ese mamarracho que tal vez acostumbra perseguir violentamente mujeres en el auto, porque no nos engañemos, eso fue violencia.

Decidí no volver a salir sola de noche, pero no siempre es posible que alguien nos acompañe a todas las mujeres. ¿Cómo pasar al súper saliendo del trabajo sin sentirme insegura? ¿O acaso las mujeres debemos dejar de hacer cosas de noche para siempre? ¿O debemos someternos a recogernos el pelo, ponernos gorra, quitarnos aretes y despintarnos la boca para no llamar la atención en el coche? ¿O llamarle al novio para decirle que nos está persiguiendo un imbécil y ponerlo a temblar sin que él pueda ayudarnos en nada?

Mis amigos a quienes les conté lo sucedido me aconsejan que en cualquier situación similar haga lo siguiente: Uno, si el tipo no permite huir de él y se baja de su coche para acercarse al mío, con la pena pero debo acelerar y atropellarlo, mi vida es más valiosa que nada. Dos, siempre llamar a la policía desde el celular y darle las placas del agresor. Tres, tomar rutas donde sabemos que habrá patrullas y casetas de vigilancia. Cuatro, si nos siguen, hacen señas, amenazan o nos chocan, jamás detenernos y tratar de perderse en el tránsito. Cinco, lo mejor es que nuestro coche tenga película antiasalto oscura que evite que nos vean solas. Y seis, leer los consejos de cómo prevenir ser secuestrada.