Reeducando a los hombres
Noviembre 10, 2009
Nunca he sido celosa, y sí, debo de afirmarlo con todas sus letras, andar tras los pasos de mi pareja me parece cansado, desgastante y algo que resta tiempo a mi momento de lectura, cursos de cocina tres, clases de macramé o escritura de poemas de amor para el susodicho.
Comienzo apenas una relación maravillosa que me ha hecho entender muchas cosas:
a) Los milagros pasan y lo que está dictado en las estrellas para ti, tiene que suceder, le hagas como le hagas.
b) El amor, sí tiene el peso más hermoso para transformar a la humanidad, hacerla más unida y sobre todo para llenar de confianza a corazones cero románticos.
c) El reflejo de una pareja, que puso como etiqueta la palabra “novios” apenas una semana atrás, pero que siente que el tiempo ha sido mucho, es capaz de remover emociones en personas que confunden amistad con propiedad privada…
Me explico. Mi chico y yo vivimos un fin de semana de ensueño, paseamos por Coyoacán, desayunamos, hablamos del amor, la vida, los anhelos y además nunca me sentí tan hermosa y llena de cariño como aquel día, que por la noche, tomó otro aire de duda que sólo me hizo reflexionar y afianzarme a mi novio, tener pruebas de que ahora sí guardo la compostura y que hablar es mejor que vociferar sin sentido.
Una “amiga” suya celebró su cumpleaños y asistimos a una fiesta sorpresa llena de detalles padres, el chico de la celebrada tenía un afán de amor que ya quisieran muchas, el pastel fue delicioso, los disfraces de los más aventureros valieron varias fotografías mentales y el retroceso de los “veintitantos”, para algunas a los 15, se hizo más que evidente.
De repente sentada junto a mi chico, la “festejada” osó, se aventuró, le dieron ganas pues, de sentarse en las piernas de mi novio mientras una amiga de la “cumpleañera” no dejaba de llenarlo de cariños y yo en estado de shock sin comprender nada, sentí que los minutos se volvían horas y mi sonrisa hermosa y llena de luz, poco a poco se fue deformando esperando una reacción, que no llegó.
Me queda claro que yo soy la agregada a la vida del galán en cuestión, porque lo conozco hace apenas dos años, en los que la conexión fue inmediata, linda, y tan sólida que nos hizo estar juntos hoy.

