Una niñez con sabor a Thriller
Por Gaby, Editora de Mujer
La sorpresiva muerte de Michael Jackson me hizo recordar cuando yo tenía 10 años de edad y mi mamá me compró el Thriller en el súper Gigante. Cuánto le tenía que suplicar cada vez que quería un disco, sí, eran caros y no teníamos mucho dinero, pero ella quería que me dedicara más a estudiar que a soñar con la música, por la que desde que nací siempre tuve una gran fascinación, más que eso siempre ha sido para mí una necesidad tan grande como el aire que respiro, además del mayor consuelo que he podido tener y sin el cual me moriría.
Yo era una niña enloquecida con los discos de mis hermanos mayores, como el Dynasty de Kiss, el IV de Led Zeppellin, el Eye in the Sky de Alan Parsons Project, el 1984 de Van Halen, el The Wall de Pink Floyd, el Hotel California de Eagles, el Escape de Journey, el Saturday Night Fever, el Hysteria de Def Leppard. Son algunos que recuerdo haber escuchado, bailado y cantado hasta el cansancio, con el tubo de la aspiradora simulando ser el micrófono e imaginando ser una rockstar frente al público de la portada del Let there be Rock de AC/DC.
Pero el Thriller sí fue mío, totalmente mío y pasé todas esas vacaciones de verano deleitándome con él. Lo había estado escuchando con mi vecina en su casa, una niña de Houston, Texas, amante del 1999 de Prince y el Thriller. Además yo grababa en Betacam los videos de Michael Jackson con coreografías que intentaba aprenderme y bailar mientras escuchaba el disco más vendido de la historia.
Era una época en que nada me agobiaba en la vida, sólo regresar a clases. Lo único que había en mi cabeza era la música, mi bicicleta, mis tenis Vans de cuadritos azules, mis amigas, las idas al parque de juegos Divertido, patinar en hielo en Skatorama y jugar Enduro en Atari.
Jamás me atrajo Michael Jackson como persona, sólo me fascinaba el ritmo de canciones como Pretty young thing, Wanna be startin’ somethin’, Billie Jean, Beat it y hasta el cachondeo de Human nature, que me hacía fantasear con Javi, mi vecino de 11 años, quien sólo le decía a todos que moría por mí y jamás nos atrevimos a confesarnos nada.
No me gustó ningún otro disco de Jackson ni los compré, tampoco me interesó ir a verlo en el Estadio Azteca, pero sí puedo recordar esa etapa de mi niñez con un cierto sabor a Thriller. Esa niña de 10 años ya se fue pero su recuerdo vivirá siempre en mí, y es que cuando muere un artista que marcó una época de nuestra vida, también muere una parte de nosotros.
¡Mama se, mama sa, mama coo sa Michael!

Me pegan duro los días nublados, me hacen sentir triste, aún cuando todo marcha bien en mí y me siento agradecida con el universo. Qué pereza nos da la gente depresiva que necesita el dolor para sentirse viva, mas esto no es depresión sino melancolía y es más fuerte que yo.
Cuando era universitaria y vivía en casa de mis padres, no hacía más que soñar con tener un trabajo para pagar un departamento e irme a vivir sola. Más que estar libremente con mi novio, fantaseaba con sentir mi propia autonomía, experimentar el no depender de nadie más que de mí misma.
Después de escuchar por primera vez a Radiohead en 1996, jamás volví a ser la misma. Radiohead despertó en mí una nueva fascinación y un extraño poder.
Hacía mucho tiempo que no veía una película que sin ser sentimental fuera tan conmovedora, verdadera, honesta, superior y dolorosa, con tal autenticidad que me paralizara durante dos horas y me dejara reflexionando por mucho tiempo después, como “El luchador”, de Darren Aronofsky, y dudo volver a experimentar lo mismo con otra por lo menos en muchos años.
Vivir ligera y mejor no es tarea de nadie más que tuya. Pero para lograrlo debes ser constante todos los días, tener siempre en mente qué cambios quieres hacer en ti para mejorar tu vida en todos los aspectos.
Antes de finalizar este año, es un tiempo muy importante para reflexionar y estar consciente de cómo deseas recibir el 2009, un nuevo ciclo que inicia en tu vida, para que al estar clara, refuerces tus deseos y tu lucha por alcanzarlos.
Se acerca la Navidad y no he comprado regalos. Cada año me esmero en encontrar para mis amigos cercanos algún detalle, para mis familiares más queridos algo que verdaderamente disfruten y para mi pareja un obsequio más “dispendioso”. Sin embargo en estos días estoy pensando seriamente en romper con esta tradición.
Neoskin, la empresa de depilación láser, cerró sus puertas abruptamente en todo el país. El pasado lunes 3 de noviembre amanecieron cerradas todas las sucursales. En ninguna contestaron el teléfono, tampoco en su servicio 01800. Ni siquiera su página de internet funcionó.
Es un postre que me fascina y busqué la forma de hacerlo con la menor cantidad de calorías posible, pero igualmente delicioso. Y la verdad no me quedó nada mal, sólo cuida moverlo de vez en cuando en el fuego para que no se pegue, pero no demasiado para no batirlo. Ojo, no lleva pasas ni leche condensada, pues ambos contienen mucha azúcar. Esto es para cuatro porciones:




Me encanta experimentar en la cocina, abrir el refrigerador y la alacena, ver con qué ingredientes cuento y pensar en cómo reunir varios de ellos para preparar algo rico.
Tengo el cabello castaño oscuro y para cubrirme las canas me lo teñí del mismo tono que el mío, sin embargo me quedó negro. No me gustó mucho porque en mí se ve artificial, endurece las facciones y aumenta la edad.

Anthony Kiedis, el rockstar con más onda: El vocalista de los Red Hot Chili Peppers es mujeriego, porno adicto y un junkie que ha luchado toda su vida contra la adicción a la cocaína y heroína. Sin embargo también es uno de los cantantes más hot del planeta. Su torso atlético, sus tatuajes tribales y su pelo lacio me han enloquecido siempre. Su sangre mohicana, su fascinante voz y su mágica personalidad lo cargan de una fuerte energía sexual. Sus movimientos al bailar lo hacen lucir más encantador que nunca. Pero este hermoso Sir Psycho Sexy no sólo tiene un físico delicioso, sino además gran talento, carisma y una presencia irresistible. La expresión pícara de este inmaduro seductor despierta toda mi pasión.
Fui por primera vez al ginecólogo cuando tenía ¡27 años! Como muchas de ustedes, me negaba a hacerlo por el pavor al examen pélvico, a pesar de los constantes mensajes en todos los medios sobre la importancia de la revisión ginecológica anual en la mujer. Un día, una amiga del trabajo me recomendó mucho a su ginecólogo y me convenció de ir a hacerme un chequeo de rutina con él.
Hace cuatro años, como toda mujer quería lucir perfecta, pero traía varios kilos de más, así que fui con una nutrióloga. Fue una excelente experiencia estética, de salud y de bienestar. Lo que más me sorprendió fue que la doctora me dijo: “No te voy a poner a dieta, te voy a enseñar a comer sanamente por el resto de tu vida”.
¿Estás cansada de combatir los barros y espinillas? Ya no gastes más dinero en productos que prometen eliminar los brotes de tu rostro. Mejor opta por una limpieza facial periódica con un experto, que además de mantener limpio tu cutis, le devolverá tono muscular, frescura y juventud. A continuación te platico en qué consiste el proceso, ya sea con un cosmetólogo o un dermatólogo.
En la pasada entrega de los premios Golden Globes 2007, pudimos apreciar lo último en diseños de noche, en los cuerpos de las celebridades más bellas y famosas. Sin embargo, muchas siguen sin lograr atinarle al difícil objetivo del buen gusto.
Les quiero compartir esta receta con la que he tenido mucho éxito desde que la preparé por primera vez, ¡le ha fascinado a todo el mundo! Es fácil y rápida de hacer, para un fin de semana que no tengas demasiadas ganas de cocinar.
¿Quién no se ha enamorado perdidamente en esta vida? Es difícil creer que existe alguien que no haya experimentado esa sensación inesperada, espontánea e indomable. Cuando estamos enamorados, sentimos dentro toda una revolución de distintas emociones que al combinarse, nos crean estados mentales que nos motivan o desmotivan por completo.
El sábado a las 2 de la madrugada salí de cenar con unas amigas y regresé a mi casa manejando sola. De repente un tipo se me emparejó en un semáforo y me empezó a pitar y a gritar “¡Ey, hola, hey!”. Yo fingí no verlo ni oírlo y seguí con mi camino, pero en cada semáforo se emparejaba y me seguía gritando “¡Ey, voltea!”. Volteé a verlo y le hice cara de “¿Qué quieres idiota?” y me contestó “¡Baja tu vidrio!”. Le contesté “No molestes”.
Desde hacía muchos años había tenido una molestia en la encía, una herida que unos días me molestaba más que otros, pero siempre estaba ahí, no sanaba ni con enjuagues bucales. Se lo comenté un par de veces a mi dentista de cabecera y me dijo que no era nada de importancia, que se me quitaría sola.