A LA MAESTRA SUSANA LE GUSTAN LOS CHIQUITOS
Mayo 30, 2008
Ha de ser por siempre Susana Alexander una buena madre judía. Ha de ser también Ofelia, Electra y Juana de Arco, entre los muchos personajes que ha representado a lo largo de una carrera que se remonta a 1957. Sin embargo, acaso el papel por el que haya de ser más recordada es el de incansable promotora de la lectura, merced a una serie de espectáculos y talleres a tal efecto que ha presentado en todos los rincones de la república -incluso los más apartados, sobre todo los más apartados- desde 1979.
Fernando Solana era secretario de Educación, Roger Díaz de Cossío subsecretario de Cultura y Susana tenía un admirador de su trabajo en dicha subsecretaría: Manuel de la Cera, promotor cultural de excepción cuyo entusiasmo habría de valerle, al siguiente sexenio, devenir director del INBA. De la Cera había visto un espectáculo creado y representado por Susana, titulado Si me permiten hablar (¡como si fuera posible lo contrario en su caso!) y basado en textos de Sor Juana, Pita Amor y Rosario Castellanos, al cual solía seguir un debate con el público. Seducido por su potencial de promoción de la lectura, la llamó y le propuso llevarlo a escuelas normales rurales de todo el país, después a CBETIS y COBACHs y CONALEPs. La actriz aceptó y, con ese sólo acto, se lanzó a un empeño tan quijotesco como rocambolesco cuyo fin todavía no luce próximo.
Desde entonces, Susana Alexander ha creado un buen número de espectáculos de esa índole y los ha representado en todo el territorio nacional. Los ha hecho con su amigo Roberto d’Amico pero también sola. Los ha hecho con el auspicio de la SEP y del ISSSTE y de quien se deje. Los ha hecho con textos de Pellicer y de Strindberg y de Savater y de Eurípides y de la Biblia. Y los ha hecho con la intención de familiarizar al público con la gran literatura, interpretada “texto en mano, para que se vea que no invento nada”.
El más reciente se llama A la maestra le gusta el profe Juan y la maestra Alexander lo ha llevado a todas partes, incluso subida en un tractor con peluca y pestañas postizas para llegar al Ejido 9 de Octubre en Durango. Y, a todo esto, ¿conocen ustedes otros esfuerzos encomiables de fomento a la lectura? Si es así no sean gachos y compártanlos.
Post-data para despistados: La beca para jóvenes escritores de la que hablé hace unos días es la de la Fundación para las Letras Mexicanas; la información está disponible en www.fundacionletrasmexicanas.org







