El abuso del hambre
Julio 3, 2008
Con todas las evidencias que se siguen juntando, cada vez estoy más convencido que a este mundo le vienen tiempos muy difíciles. Hace poco estaba platicando con un financiero importante, uno de esos que toman decisiones para el país, y me decía que no son pocas las naciones que están al borde de la quiebra. Que se están quedando sin dinero para funcionar. Y, paradójicamente, el mayor peligro que enfrentan es la violencia político-social.
Las protestas políticas pueden llegar a ser violentas, porque se defiende una causa. Pero las manifestaciones que tienen que ver con el bolsillo, con la comida, son definitivamente radicales porque, para muchos, es la última opción.
En muchas de las manifestaciones violentas que hemos visto en el mundo, si las analizamos a detalle, hay un factor común: el uso político de un tema, como los alimentos, que es gasolina pura. Un opositor toma a un grupo de inconformes, los equipa con unas cazuelas para sonarlas en las calles y empieza la revuelta. A veces, en lugar de cazuelas les dan rifles o pistolas.
Empiezan a surgir voces en México que pretenden buscar culpables de la crisis alimentaria mundial. Les ponen colores partidistas a los presuntos responsables cuando la solución al problema de los precios de la comida no pasa por las preferencias electorales.
Discutamos esto: ¿Se vale que a un problema tan lastimoso como es el incremento en el precio de los alimentos se le saque provecho político?

Ya son muchas las que ha hecho el presidente Calderón y que cuestionan su origen de un partido de derecha. Subsidios, precios congelados, gasto público y el uso de la estabilidad macroeconómica como puntal para el crecimiento. Pero ya pedirle al autónomo Banco de México que abandone su lucha contra la inflación para que bajen un poco las tasas de interés de los créditos, ya es un exceso.




