Con todas las evidencias que se siguen juntando, cada vez estoy más convencido que a este mundo le vienen tiempos muy difíciles. Hace poco estaba platicando con un financiero importante, uno de esos que toman decisiones para el país, y me decía que no son pocas las naciones que están al borde de la quiebra. Que se están quedando sin dinero para funcionar. Y, paradójicamente, el mayor peligro que enfrentan es la violencia político-social.
Las protestas políticas pueden llegar a ser violentas, porque se defiende una causa. Pero las manifestaciones que tienen que ver con el bolsillo, con la comida, son definitivamente radicales porque, para muchos, es la última opción.
En muchas de las manifestaciones violentas que hemos visto en el mundo, si las analizamos a detalle, hay un factor común: el uso político de un tema, como los alimentos, que es gasolina pura. Un opositor toma a un grupo de inconformes, los equipa con unas cazuelas para sonarlas en las calles y empieza la revuelta. A veces, en lugar de cazuelas les dan rifles o pistolas.
Empiezan a surgir voces en México que pretenden buscar culpables de la crisis alimentaria mundial. Les ponen colores partidistas a los presuntos responsables cuando la solución al problema de los precios de la comida no pasa por las preferencias electorales.
Discutamos esto: ¿Se vale que a un problema tan lastimoso como es el incremento en el precio de los alimentos se le saque provecho político?




Hola amigos,
Maribel Guardia es una de las famosas que un reportero le puede preguntar cualquier cosa y siempre contesta de la manera más cordial: Que si se lleva mal con Ninel, que si fue cierta la infidelidad de Joan Sebastián, que si el programa Muévete no da resultados, cualquier cosa…


El asunto lo hemos visto ya de manera exhaustiva.









