
En Haití las condiciones de pobreza han obligado a la gente a comer galletas preparadas con lodo. Lo recuerda, es una noticia que apareció en febrero pasado.
Pero resulta que la pobreza tiene diferentes sabores. Recientemente visite la sierra de Zongolica en el Estado de Veracruz, para conocer los programas de apoyo de una organización no gubernamental que trabaja con comunidades en extrema pobreza. En Oxtotitla, conocí al maestro José Natividad Zepahua. Su pequeña escuela rural, que apenas tiene dos salones de clases, formados por tablones, piso de tierra y techo de lamina, esta sobre la pendiente de una montaña de difícil acceso.
En uno de los salones, con alrededor de 20 niños, de entre siete y ocho años, el maestro le pregunta a sus alumnos en náhuatl:
-¿Levante la mano quien haya tomado leche esta semana?
Entre los niños, nadie levanta la mano.
El maestro insiste:
-¿Levante la mano quien haya comido huevos, pollo o carne?
Nuevamente los niños se mantienen con las manos abajo.
El maestro vuelve a preguntar:
-¿Levante la mano quien haya comido hoy?
Sólo dos de cada tres niños levantan la mano y le contestan al maestro que tomaron café y comieron quelites con tortillas, que es lo que siempre desayunan, lo que siempre comen y lo que siempre cenan.
No faltara quien nos diga que los quelites, son altamente nutritivos, que forman parte de la cultura gastronómica indígena. Es cierto, tienen propiedades nutritivas, pero sólo son un complemento alimenticio. Los quelites son muy variados, tienen un sabor similar a las espinacas, pero no se trata de un cultivo, sino de plantas silvestres, hierbas comestibles que las mujeres recolectan en el monte, cuando no hay otros alimentos o cuando no hay dinero para comprarlos. Se trata de un alimento de emergencia que guisan con manteca y nada más. Seguramente usted habrá probado los quelites en alguna quesadilla, en alguna salsa o como condimento de algún guiso. Los más pobres entre los pobres, cuando no tienen nada, que es casi siempre, sólo comen quelites con tortillas.
Así como en Haití tienen sus sabores de la pobreza, en México también.
¿Y usted, ha probado a que sabe la pobreza? Inténtelo: Desayune café, quelites y tortillas. En la comida nuevamente pruebe café, quelites y tortillas. Durante la cena otra vez café, quelites y tortillas. Y Al día siguiente repita esos alimentos. Y así toda la semana. Y así todo el mes. Y así todo el año.
A eso sabe la pobreza.
Gracias por sus comentarios siempre inteligentes.