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Un recuerdo para Silvia Derbez

Julio 27, 2009 por Ricardo Escobar

Ricardo Escobar

“Sólo quiero despedirme de usted, Ricardo, muchas gracias por brindarme  su amistad, muchas gracias por guardar mi secreto, gracias por su ética,  tengo mi agenda abierta y me estoy despidiendo de la gente que quiero”.

Al escuchar estas palabras a través del auricular sentí que mis  sentimientos se aglutinaban, era Doña Silvia Derbez,  la primera actriz, la pionera de la telenovela en Latinoamérica, quien  se debatía entre la vida y la muerte tras enfrentar un severo cáncer.

Esta escena reapareció en mi mente de manera fresca, después de ver las imágenes de Eugenio Derbez al develar tanto su figura, como la de su mamá Doña Silvia Derbez  en el Museo de Cera. Eugenio, cariñoso se acercó  a la figura de de su madre y le dio un beso respetuoso en la mejilla.

Junto a él estaba toda su familia su hermana, su sobrina y sus hijos. Aquellos que desde hace años conocí y traté, con una sonrisa  por el recuerdo de una mujer que creyó en un sueño y lucho por  él.

EL INICIO DE UNA AMISTAD

Conocí a Doña Silvia Derbez en el ejercicio de mi profesión, el periodismo, recuerdo que fui a entrevistarla por recomendación del Sr. Eugenio Cobo, quien me pidió que hiciera una semblanza completa de la vida y obra de Doña Silvia.

La actriz me esperaba ya puntual en su casa, desde el inicio entre ella y yo hubo buena química, me llamó la atención su trato cordial y fraterno, jamás un desplante, o un aire de diva.

Con un arreglo personal estricto, que iba desde un pulcro maquillaje, joyas adecuadas y perfume delicioso, Doña Sylvia Derbez hizo un recuento de su vida y obra.

Me dijo: “Mira nada más, Eugenio Cobo sí  me hizo caso, le hablé fuerte, porque estoy cansada que esas niñas nuevas del C.E.A, que llegan a la producción y ni el  saludo te dan, yo no quiero que me hagan homenajes, pero por lo menos que digan  ‘buenos días ¿cómo está señora Derbez?’,  cuando se crucen en mi camino, porque les guste o no, muchas actrices de mi
generación y yo les pusimos la mesa”.

Yo escuchaba atento a Doña Silvia… “Les guste o no, yo soy la  pionera de la telenovelas, hice la primera telenovela en México, se llamaba  Senda Prohibida, nadie quería hacer telenovelas, no  creían en el género”.

Doña Silvia Derbez y Eugenio Cobo  habían tenido una plática donde la actriz le pidió que  las nuevas de generaciones de actrices supieran quiénes las habían  antecedido y qué habían logrado dentro de la industria. Eugenio estuvo de acuerdo con Doña Silvia y fue por eso que  me encomendó la entrevista con la primera actriz, que sería transmitida días después a sus alumnos.

Doña Silvia era una mujer culta y educada, era políglota, hablaba cinco idiomas a la perfección, el oficio de la actuación
lo manejaba a la perfección, era una mujer de sonrisa fácil, pero  de carácter fuerte.

Me confesó: “También he tenido que ponerme en su lugar a  uno que otro productor, que me quiere tratar como cualquier actriz, como seres humanos somos todos iguales, pero no le puedes dar el mismo trato a quien acaba de llegar, que a quien tiene años sirviéndote, no señor”.

Así nació nuestra amistad.

ENFRENTAR LA ENFERMEDAD CON VALOR

A los pocos días de ese primer encuentro, Doña Silvia empezó a tener problemas de salud, el resultado fue un cáncer de pulmón. La actriz luchó con uñas y dientes con la enfermedad, se sometió a los distintos tratamientos oncológicos y se aferró  del amor de su familia.

En ese entonces, Doña Silvia grababa la telenovela La Intrusa, al lado de Gaby Spanic. Recuerdo que la iba a visitar al foro, muchas veces llegó en silla de ruedas y  con un fuerte dolor en la columna vertebral. En este melodrama, Doña  Silvia daba vida a una sirvienta y me decía: “Si me quieren para servir café, hay que servir café pero hacerlo bien, bien  servido”, se podría quejar por el dolor fuera del foro, pero en  el momento de actuar, parecía que todo quedaba en el olvido”.

En el momento que entraba a grabar y se escuchaba el conteo regresivo, el brillo en los ojos de Doña Silvia era distinto, su posición corporal también era otra, se enderezaba y dejaba de utilizar la silla de ruedas, su expresión oral era fluída y el desgarre de sentimientos era intenso”.

Sus escenas se grababan a la primera ante el asombro de las nuevas generaciones y el respeto de técnicos y camarógrafos. Si el director le pedía que llorara de un solo lado, era capaz de hacerlo y eso no era un mito que la envolvía, podía hacerlo y es más, podía llorar en la línea que pedía el director, con una exactitud extraordinaria.

Casi siempre después de sus escenas se escuchaba un fuerte aplauso de todos aquellos que veíamos verla trabajar con esa entrega, con esa pasión y con esa precisión.

LA HUIDA DEL HOSPITAL

Mi trato con Doña Silvia se hizo familiar, yo le llegaba  hablar en la mañana y en la noche todos los días, preguntaba por
su salud y siempre respondió a mis llamados con gran amabilidad.

Silvia Eugenia, hija de la actriz, cuando me contestaba el teléfono me decía: “Me encantas, hablas más que mi hermano Eugenio, para saber cómo está mi mamá”.

El cáncer fue terrible y comenzó a recorrer el cuerpo de Doña Silvia. La primera actriz empezó a visitar constantemente el hospital.

En una ocasión fue internada por varias días, guardias de distintos medios nacionales e internacionales se montaban fueran del nosocomio. Yo seguía con el trato directo con la familia, sin embargo, después de una temporada que Doña Silvia había permanecido internada, mi sexto sentido me avisó que algo había cambiado, que algo se ocultaba para la prensa.

Recuerdo que busqué otro camino, me puse lentes oscuros y subí a la habitación para saber cómo estaba la primera actriz. Mi sorpresa fue enorme, la habitación estaba vacía, Doña Silvia había firmado su alta voluntaria.

Al salir le pedí a mi camarógrafo y operador que me llevaran a su casa de la colonia Narvarte. Llegue y pedí ver a la señora.  Doña Silvia dijo que me recibiría solo, que no pasara con cámara. Me recibió en su recamara en bata, con un turbante  cubría su cabeza y al verme sonrío y me dijo: “Ricardo, usted  sí se dio cuenta que abandoné el hospital, no tiene caso seguir  ahí, ya hicieron lo que tenían que hacer, yo firmé mi alta, pero no quiero que la prensa se enteré, que piensen que sigo internada,  ¿me guarda el secreto? No quiero tener guardias de reporteros aquí  afuera de mi casa, ¿me puede ayudar? Recuerdo que la abracé y  le respondí que ’sí’”.

Hablé con mis jefes, quienes estuvieron de acuerdo en no revelar que  Doña Silvia esperaba el final en su casa y no el hospital.  Mi amistad con Silvia Eugenia y Eugenio Derbez  por obvias razones había crecido y la comunicación con ellos se  hizo más cercana.

Doña Silvia arregló todo antes de irse y hasta se despidió  de los amigos vía telefónica. Fue el 6 de abril de 2002 cuando  los ojos de la primera actriz se cerraron y su corazón dejo de latir.

LA HERENCIA DE UNA AMISTAD

Doña Silvia dejó un legado que la hizo inmortal ante todo, porque creyó en un sueño y luchó por él, su trabajo está grabado en centenares de cintas de televisión y cine. Además, mujer de valores y de una sola pieza, les enseñó a sus hijos el valor de la amistad. Tras su muerte mi trató con Eugenio y Silvia Eugenia es cercano y fraterno.

Hace unos días recibí la invitación para ir a la develación de las figuras de cera de Eugenio Derbez, así como de Doña Silvia. Me emocionó mucho que al paso de los años, la familia Derbez aún me tiene presente y tiene este tipo de atenciones conmigo. Me emocionó ver aquella antigua televisión que Doña Silvia tenía en la primera habitación de su casa ahora está en el Museo de Cera de la Ciudad de México, y en ella se transmiten segmentos de sus trabajos televisivos.

También fue una enseñanza porque es una muestra que ningún trabajo pasa desapercibido, y más cuando se hace con fe, disciplina y entusiasmo.

Me hubiera gustado que Doña Silvia Derbez hubiera visto este homenaje en vida, sin embargo estoy seguro que desde el Cielo, Dios le permitió verlo. Sobre todo ver a su familia reunida recordándola, quizá con nostalgia, pero también con mucho orgullo y con la responsabilidad que significa, inmortalizarse a través del trabajo.

Hoy, un recuerdo para Doña Silvia Derbez y un abrazo fuerte para cada uno de sus familiares, que al paso del tiempo, me siguen honrando con su amistad  y con su cariño.

Ricardo Escobar  es periodista de espectáculos desde hace másde 15 años. De lunes a viernes lo puedes ver conduciendo el segmentode espectáculos del noticiero A las Tres con Paola Rojas por 4TV, canal de la ciudad.

3 Respuestas para “Un recuerdo para Silvia Derbez”

  1. Bertha Yolanda Caro Dice:

    Mis sinceras felicitaciones, por ser un gran periodista y ademas por contarnos esta bella historia de nuestra amada y recordada SILVIA DERBEZ., tenia muchas ganas de saber algo de ella cuando estuvo viva, soy peruana con residencia en nueva york y me gustaria saber mas de ud. para informarme de mis favoritos. Solo le digo que DIOS LE DE MUCHAS BENDICIONES profesionales, familiares y personales.

  2. Ulises Blanco Dice:

    En verdad, qué gran hisoria acabo de leer

  3. Mary Dice:

    Felicidades por el blog usted siempre tan correcto para escribir ojala que todos los periodistas fueran como usted, me gusta leer lo que publica.

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