La libertad de elegir rumbo al 5 de julio
Julio 2, 2009
Este 5 de julio, los ciudadanos podrán elegir ir o no ir a las urnas, anular o no anular su voto, otorgar su confianza a un partido o a otro. Esta libertad de elegir resume la esencia de nuestro sistema democrático. En esta elección, como nunca antes desde la transición a la democracia en el 2000, un grupo de organizaciones ha llamado a los ciudadanos a anular su voto para expresar su descontento con los partidos, con la clase política y con el funcionamiento de sistema democrático en su conjunto. Nuevamente la libertad entra en juego y es perfectamente respetable promover una causa en un entorno de pluralidad democrática. Sin embargo, existen dos grandes riesgos en la estrategia del voto en blanco: el primero, sería abonar a la causa de grupos con agendas diferentes que simplemente quieren expresar su descontento con la reforma electoral del 2007. El segundo riesgo, el más grave, implica una involución en el proceso democrático mismo. Sin duda nuestra democracia es todavía un sistema lleno de imperfecciones y urgente de reformas, pero no ir a votar o anular el voto es renunciar al acto mínimo y primario de la democracia, es abdicar del derecho que nos hace a todos iguales. En el acto de votar se resume la igualdad de la democracia misma. Todos los votos valen lo mismo, y cada ciudadano es una parte fundamental que sumará el todo para formar representación política. Los retos para esta elección están en la participación ciudadana, en la observación electoral y en el desenvolvimiento del proceso electoral mismo. Nuevamente, a pesar de los retrocesos y las imperfecciones de sistema, debemos asumir el deber democrático y no dejar que otros decidan por nosotros. Hay que asumir la responsabilidad de elegir a los que serán nuestros diputados por los siguientes tres años y exigirles los cambios que nuestro sistema demanda para atender el interés público.



